En este momento llegamos al final del pasillo. La caminata fue en un completo silencio, que solo era apagado por el discreto sonido de nuestros pasos. Ignoro por que motivos Kiessaller no tenia con ella su armadura, y sinceramente no pienso perder el tiempo preguntándole.
La puerta que conecta con el resto del complejo esta cerrada, ese idiota de Marcus, no puede cumplir la mas simple orden: "Deja la puerta abierta, pronto regreso"; debe de tener sus motivos. Al menos me dará un poco más de tiempo para encontrar una forma bastante practica de demostrarle a Alfonso que no mentimos con respecto a su mundo. Le sera duro, bastante duro asumirlo.
-Kiesaaller, por favor, abre la puerta...- Le ordeno a ella intentando sonar lo más amable posible.
La veo moverse con esas extrañas ropas, no negare que le hacen ver mucho más atractiva, más "femenina" que con esa molesta armadura que lleva con sigo el resto del tiempo; ya hasta había olvido que era una mujer. No puedo evitar reír un poco a causa de ese pensamiento.
No debo criticarla, esa a sido y es su forma de ser. Ella gira la manivela al tiempos que esta lanza su muy molesto chirrido que siempre me estremece, con su sonido agudo perforando los tímpanos, negándose a moverse. Un poco de luz entra mientras la puerta es abierta.
Mis ojos tardan en acostumbrarse nuevamente a la gran cantidad de luz. Frente nosotros se extiende el patio central del fuerte. La brisa marina llega a mi cara. ¿Como es que es capaz de atravesar los los altos y gruesos muros?. ¿Como puede recorrer los recovecos hasta llegar aquí sin perder fuerza e intensidad?.
Observo a nuestros invitados. Alfonso le pregunta a su extraño amigo sobre la realidad de lo que se extiende frente a sus ojos; a lo que el responde con una gran sonrisa con una voz que no sé si catalogar dentro de la burla, tedio, o nervios: "Si, yo también lo veo...".
-Lo que vez es real...- Respondo yo en su lengua para confirmar la idea.
Le hacen preguntas sobre aspectos obvios a Kiesaaller; no debo de molestarme, ni mucho menos enfadarme, ya que muchas de las cosas que ven no existen en sus ficciones, pero supongo que son universales a los sueños. Preguntan por las plantas de pimerenta, que con su dulce aroma inunda el ambiente del patio central. Parece que les sorprende ver una planta con espinas rojas, tallo de color café y flores con los pétalos con una forma perfecta hexagonal y un color rojo cortado por una blanca espiral. Paolo afirma que esa planta "le da mala espina", mientras que Alfonso le nuevamente cuestiona a Kiesaaller la existencia y posibilidad de esa planta, a lo que ella responde con una linda sonrisa "Que sea imposible en tu mundo no significa que lo sea en el mio..."; Ni yo mismo hubiera podido elaborar una mejor respuesta. ¿Pero?,¿Qué acaso este tipo no puede preguntar otra cosa? ¿Por que no pregunta sobre que es este lugar? ¿Donde esta?.
-Es real lo que vez...- le respondo reafirmando la idea.
El me mira, creo que molesto; de forma honesta nunca he sido bueno para definir las emociones ajenas. ¿Si esta enojado? ¿Qué seria el desencadenante?, mi comentario, o que interrumpí su sutil observación de Kiesaaller, la verdad no importa mucho este pensamiento.
El tipo llamado Paolo pregunta por que no nos movemos, y tengo la impresión, masculla insultos contra todo. Noto que su lenguaje no es el mismo que el de Alfonso, pero no me cuesta mucho trabajo deducirlo. Le respondo algo. Parece que eso a servido para callarlo un momento. Los Aurcores son una bendición, cuanto me cuesta creer que soy la ultima persona quien puede poseerlos. Hay momentos en los que juraría que se mueven por los pliegues de mi cerebro cuando están aburridos. Alfonso me observa penetrante, y Kiesaaller en un tono condescendiente le dice que suelo quedarme "pensado en la inmortalidad el cangrejo". Pobres ilusos, teniendo que aprender los idiomas de las ficciones a las que van y yo, aquí pudiendo hablar cualquier lengua sabiendo un simple detalle. Regaño un poco a Kiesaaller sonando amablemente. Comenzamos a caminar por el patio.
Este camino, consistiendo en simple camellón recto, el cual, corresponde a la diagonal de un enorme cuadrado de cincuenta metros; y ese cuadrado contenido por los muros de diez metros de alto. Los jardines, todos con las bellas flores de pimerenta están contenidos por estos. Este patio siempre me a gustado, no sé, me recuerda un lugar de mi pueblo supongo. Siempre e insistido en que remplacen esta tierra por un mucho más practico adoquín, pero ellos siempre insisten con "No hay presupuesto", "No hay nada malo con el camino como para cubrirlo" o mi favorita "Ese camellón es una reliquia desde la construcción de este fuerte".
Llegamos al centro, lo sé por que se cruzan las dos diagonales, y este siendo el punto por el cual pasa más gente, el suelo se hunde levemente. Me parece extraño, casi no hay nadie. Recuerdo que quiere estar seguro de que su mundo fue creado, supongo que el mejor lugar para ello es en la torre del norte. Llegamos a la puerta, le ordeno a Kiessaler que la abra, también esta cerrada. ¿Qué abra pasado?.
Al abrirla sale el teniente Mileto. Un hombrecillo mucho mas bajo que yo, con su curioso bigote bien poblado, lleva la gorra bajo el brazo, dejando ver su calva pulida por el tiempo. Esta pálido y bañado en un sudor frío, como si hubiera visto a un muerto levantarse. Espero que no sea eso otra vez.
-Es urgente, muy urgente, que bien que te encontré, tenemos un grabe problema Turinoog-
-De que se trata, no me digas que "eso" a vuelto a pasar-
-No es tan grabe, esta vez ningún muerto se a levantado...-
Mi cuerpo se deja descansar un poco, el recuerdo de esos días aun me persigue. Intento recuperar el semblante serio. Le miro expectante, esperando que continué.
-Tal parece que tenemos un Depira se a infiltrado, tenia ordenes de encontrarte...-
-¡Como es posible!, si esta fortaleza es impenetrable...-
-Si, pero no desde el cielo...-
-No entiendo...- Nos interrumpió Kiesaaller, Fijo mi vista en ella un momento para indicarle que no es su asunto.
-Parece que un cuervo, o, una bella mujer... el reporte es confuso ¿sabes?, pero no hay duda, es un depira. Estamos en código naranja, imagina como esta la situación como para que suceda eso, no nos a quedado de otra, pero tú ya sabes lo que significa-
Volteo a verlos, y ellos me observan con los ojos penetrantes, sé que ellos no son idiotas y saben que algo grabe pasa. Kiesaaller lo a escuchado todo, sabe perfectamente que es un código naranja, así que no tengo que decir nada.
-Lo siento Alfonso Vasile, a surgido un pequeño inconveniente, la demostración tendrá que esperar...- sonrío intentando ocultar mi preocupación.
-Kiesaaller, ya sabes el protocolo-
Intento ser amable con esa orden; ella asiente con la cabeza. Le hago una seña a Mileto, nos perdemos dentro del camino que conduce a la torre norte.
La puerta se había quedado cerrada, Alloan estaba detrás acompañado por aquel hombrecillo extraño. Alfono miro a Kiesaaller, y pudo notar, como en la luz de sus ojos revelaba la perturbación.
-Seguirme, tenemos que ir a una zona segura...- dijo ella atona regresando por el camino.
Continuaban sin moverse Alfonos y Paolo, solo observando como caminaba Ev levantando un poco de polvo del camellón.
-¿A donde?- pregunto Paolo rompiendo ese silencio.
Ev volteo su faz a ellos. El gesto de su rostro era mas que suficiente para comprender que lo dicho con anterioridad era en realidad una orden. En silencio los dos hombres caminaron detrás de ella. Llegaron al centro del camino, en donde las diagonales se interceptan. Ev giro a su derecha. Y comenzó a caminar lo mas rápido que podía, arrastrando el pantalón de Alfonso, sosteniéndolo con su dos manos evitando que bajara más allá de la linea de su cintura.
Llegaron a la otra puerta, esta tenia un aspecto diferente a las anteriores, en lugar de ser de un acero nuevo y reciente, era una puerta negra, de hierro colado oxidado levemente. Ev tiro de la manija, las bisagras chirriaron llenas de vida, como tratando alertarles.
Ev entro, ellos fueron detrás de ella. Cuando entraron, Ev cerro la puerta justo a sus espaldas e indico que caminaran con un lindo gesto de su mano. El pasillo era oscuro, no había ventanas por done entrara el aire, el ambiente era en suma, bastante denso y húmedo; con un característico hedor, tan propio del pescado en podredumbre. Alfonso aguanto ese hedor conteniendo el reflejo de vomitar, cosa que Paolo no pudo, arrojando la cena medio digerida sobre el sucio suelo. La única luz, de esa mortecina flama proveniente de un quinqué colgando de un gancho en el techo, incitando a la claustrofobia. Llegaron otra puerta, también de hierro. Ev la abrió con un poco de dificultad. La luz entro, acompañada de un aire mucho más fresco.
-Por que todas las puertas de esta fortaleza cuesta abrirlas...- mascullo ella en español
Al frente, una gran escalera de piedra se extendía con los escalones de un tamaño considerable, que dificultaban toda marcha. Subieron por esas escaleras lentamente. Un viento salado, pero un poco mal oliente refrescaba la zona, llevando con sigo murmullos, rumores que no decían nada entre el sonido del mar. Pronto se podía sentir también un poco de agua. Podían vislumbrar entre la sombra, la pared al fondo iluminada por la luz, justo en donde doblan las escaleras, no mas puertas.
El sol los segó un poco. Cuando las pupilas enfocaron, se encontraron con un gran numero de personas. Los mormullos subieron su volumen. Aquellos hombres, desviaron los ojos de sus asuntos para ver a quien se unía con ellos a esa, su espera. Se escucharon los leves comentarios en esa lengua de sonidos extraños. Todos vestían ropas diferentes; algunos parecían llevar batas de laboratorio, hechas de una fibra ligera, dejando ver camisas de colores claros y vivos, fundiéndose con los pantalones de colores levemente más oscuros; otros con solo unos pantalones de la misma fibra de esas batas, y camisas coloridas; y los otros, con armaduras brillantes bajo el sol.
-Ev...- dijo un hombre dentro de una armadura, mucho mas modesta, pero, con rasgos similares a la ya destrozada de Ev.
Dijeron algo en esa lengua. Alfonso y Paolo habían pasado a ser solo unos testigos del acontecer a su alrededor. Alfonso no presto atención, decidió no preguntarle a Paolo, sabia que ya lo tenia cansado. Su mirada bailo por la plataforma cuadrangular, entre todas las personas que esperaban. Era de una piedra blanca, corriente y porosa. Más allá, una muralla de dos metros y medio, con grandes aberturas de treinta y cinco centímetros de ancho por cuarenta y cinco de alto, con profundidad de cincuenta centímetros; separadas cada metro una de la otra. Había veinte a cada lado. Por esas aberturas, se extendía un enorme mar de color azul oscuro; a sus oídos llegaba el sonido de las olas chocando con fuerza contra los muros, empujadas por el violento viento que soplaba, colándose por entre las aperturas.
Se escucho una fuerte explosión. Alfonso salio de la meditación, y junto con todos, volteo al lugar donde provenía. De entre el fuego y el humo, mientras era llevada por el viento marino. La pupila de Alfonso se dilato, no había duda. Surgía la negra silueta; un murmullo proveniente de la boca seca de Ev lo confirmo:
-Aeda...-
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Aun intentamos (intento, ¿Por qué use "intentamos"?) corregir algunos pecados gramaticales y ortográficos, espero estar puliendo la piedra y no estar desgastándola :)
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