sábado, 4 de diciembre de 2010

Copos de nieve

Pronto comenzara a caer la nieve, lo sé, por alguna razón, siempre lo sé. Las nubes se apartaron, la luz de la luna un muy breve instante; enmarco más la terrible imagen de esta sala, en este castillo.
Pronto la obscuridad cubre todo bajo su manto una vez más, e imágenes de oscuros miedos infantiles recorren mi mente, mientras el reloj continua con su marcha tortuosa, en la que cada segundo el rose de los engrane marca pauta, y el tiempo vuelve a fluir.
Un miedo irracional, de que un monstruo saltara de las sombras y me llevara, me toma por sorpresa. Me hinco en el suelo buscando desesperadamente la vela. La encuentro, tomo una cerilla, y con prisa enciendo la vela. Escucho el avance del reloj y volteo esperando ver una pesadilla; no veo nada; caigo rendido de rodillas y pienso que e sido un idiota. Recordé la fecha un momento
-25 de diciembre- masculle intentando recordar el significado de esa fecha.
Pronto mire al cadáver de mi padre en el suelo, y como aun el vital liquido mancha con su color vivo el azulejo fino; miro aun como sigue fluyendo hasta chocar con la pared. Y de forma más morbosa el cuchillo ahora inerte en el suelo; todo bajo la luz efímera de la vela.
-Era el o yo-, me repito, como si las palabras de arrepentimiento tuvieran la capacidad de expiar el alma de sus pecados y cambiaran lo sucedido. Las sigo repitiendo una y otra vez, y trastornan mi alma, pero inexplicablemente aplacan el espíritu; como un rayo, recuerdo nuevamente la fecha.
-¡25 de diciembre!- exclamo sin entender que a pasado.
La luz de la luna vuelve a iluminar la estancia, pero se ve entorpecida por una monstruosa sombra. ¡Ho!, mi corazón se detiene un momento. Volteo con rapidez a la ventana esperando la imagen del verdugo, mandado a castigar quien mancho esta fecha.
Para mi alivio, solo veo una lechuza inusualmente enorme, posada en la cornisa que adorna la ventana por fuera. Con sus ojos grandes y negros, inexpresivos, con los que me mira tal vez ¿examinándome?.
Canta por un instante, menos de un segundo, tal vez un minuto. Sorpresivamente la ventana se abre por un viento venido de la nada que recorre todo con su fría esencia. La enorme lechuza entra acompañándolo, vuela por encima de la habitación y canta de forma infernal, regresa a la ventana abierta y desde ese punto canta de nuevo. Su canto da paso a una carcajada, inhumana, cruel, infernal.
-¡¿Eres acaso mi verdugo?, ¿Mi juez? ¿Eres el enviado del divino juzgado?!- grito con toda mi alma.
La lechuza calla, me mira, y burlándose de mi, canta alegremente, -tan alegre como puede cantar una lechuza-. Y de pronto se a detenido.
-!Fue en defensa propia¡- exclamo, pero mi voz miente de alguna forma, sabe la verdad. No, eso es imposible.
-¿Por qué?¿A caso no hay otros que han cometido genocidios? ¿Solo yo soy juzgado por manchar una fecha?-
La lechuza canta. La furia me ciega, me arrojo contra ella.
Me veo a mi mismo cuando niño, me veo jurando que seria bueno ante mi madre agonizante en su lecho, recuerdo que también sentía que la nieve estaba a punto de caer, y súbitamente recuerdo la fecha.
Sujeto la la lechuza fuertemente, y por un momento, siento sus plumas suaves y frías. Me extraña que no luche, que no se defienda. Me doy cuenta de la lechuza, es ligera, y mucho, tanto, es como si... no existiera.
Lo entiendo, ya es tarde, puedo escuchar que el reloj da una ultima campanada. Yo caigo al vacío junto con los primeros copos de nieve del 25 de Diciembre.


Licencia de Creative Commons
Copos de nieve por Barajas Fierros Osvaldo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Quilamia

Cuando entre en su estudio por primera vez, lo único que encontré fue un gran desorden. Era un estudió pequeño, donde solo había una ventana por la cual, la mezquina luz de la tarde iluminaba todo; desde el escritorio hecho de vieja madera de roble, y las hojas sobre el mismo en un "orden caótico" que descansaban esperando cubrirse de polvo para luego, ser olvidadas; y en ese orden -si es que la luz puede tener un orden-, se seguía a los extraños símbolos arcanos dibujados en el suelo, hasta el pequeño he insignificante pedazo de papel en la esquina.
Al ver este lugar, el cual, parecía pedir a gritos que me fuera, solo acrecentó mi dificultad inicial de creer la afirmación del criado, de que mi abuelo se pasaba a todas horas en este mismo cuarto, solo saliendo a comer o al baño."Absorto en una extraña investigación sin sentido" fue como lo describió. Pero, no pensé que seria del todo descabellado tras encontrar en el escritorio los apuntes del trabajo de mi abuelo.
Es un tanto gracioso, que recuerde la primera vez que le pregunte a mi padre sobre él, tanto por la peculiar respuesta y el tono. A un no se puede difuminar del caos de mis pensamientos como, mi padre solo dijo “Tu abuelo se llama Alexander Quilamia, todo lo demás es innecesario”. Y recuerdo fijamente esa respuesta, por que en otras ocasiones en las que intentaba ir aun más a fondo, saber realmente quien era, para construir una imagen a la que asignar "Alexander Quilamia", más sin embargo, siempre obtenía evasivas y aun mas raramente, respuestas que eran solo datos superficiales. Lo cual aumentaba mi curiosidad sobre aquel hombre.
Hoy puedo, entender los motivos detrás de ocultarme a mi abuelo. Pero, el motivo para calificar de "graciosa" la situación era que , ante un giro irónico, es el hecho, de que, al pasar todos estos años, mi padre haya muerto y yo, me convirtiera en el heredero directo de los trabajos de mi desconocido abuelo; pero pasemos al asunto que nos ocupa
Como ya mencione, el cuarto, era un desorden. Camine al escritorio, y sus montañas de papeles amarillentos. Mire el escritorio, moví entre los papeles, y, de forma casi accidental, encontré sepultado como inexpresivo testigo un cuaderno forrado en piel. Comencé a hojearlo sin importancia, lanzando al azar la mirada en algunas paginas, y en ese momento, note su singularidad.
Estaba plagado con anotaciones en una lengua que desconocía compuesta por curvilíneos trazos de pluma fuente, adornadas por extraños símbolos -probablemente- matemáticos o alquímicos, y, otros signos de puntuación inusuales en cualquier otro lenguaje que yo conociera, todo eso en un simple papel ya amarillento por el tiempo.
El primer sentimiento que sentí fue el desconcierto, el cual, dio paso a la curiosidad, la cual fue creciendo alimentada, principalmente, por el arcano símbolo en el centro de la habitación y, al advertir en algunos sus símbolos de forma casi desapersivida, eran similares a los del texto.
Esa noche, había decidido dormir en una de las habitaciones de la planta alta, a unos pasos del estudio de mi abuelo. Me acomode en la cama pesadamente y cerré los ojos. Pero, en medio de la obscuridad aparecía uno de esos símbolos, dorado y brillando como el oro, pronto fue acompañado por sus semejantes, y una melodía comienzo a interpretarse. Abrí los ojos y los símbolos desaparecieron de repente; estaba sudando frió.
-Fue solo un sueño- me dije, y cerré los ojos. En la oscuridad, nuevamente veía a esos símbolos encarnados en oro, danzar ante mi; deje pasar mas tiempo para distinguir la melodía por la que eran guiados sus pasos, no la distinguí. El extraño ritmo de esa sonata era tan estridente y a la vez llena de desesperación, alegría, odio y amor, era una mescolanza de todas las emociones, y, que estoy completamente seguro que cualquiera seria en extremo incapaz de dormir mientras se interpreta.
La curiosidad de descubrir que era lo que se había escrito en esos papeles, lo que intentaba en ese cuarto que lo llevo a solo salir raramente, y en mayor de las medidas, la mágica danza de esos símbolos que se despegaban del papel, al ritmo de una arcana sonata, ignoro por que, pero; se volvió una obsesión, que me llevo a tal grado que pase varias noches sin poder entrar al reino de Morfeo.
Cada noche los símbolos aparecían en el mismo ceremonioso ritual. Primero las letras mas familiares del alfabeto latino, (que en las primeras noches no pude distinguir de las otras), seguidas por las acentuadas; continuaban las extranjeras, y finalmente, las “arcanas” (nombre que les di por, aparentemente, no pertenecer a ningún alfabeto). Se alineaban en un inalterable orden, seguían describiendo círculos, luego formas de intrincada belleza, y terminaba todo en el caos; todo al ritmo de esa maldita e infernal melodía. Pronto, había llegando a pensar que ese vals al que danzaban era la mismísima pronunciación de ese lenguaje que escapaba a los simples humanos profanos, y se reservaba su entendimiento a unos pocos iluminados, como probablemente era el caso de mi abuelo.
Una mañana me levante aturdido por la sinfonía. Ya lo había decidido, tanto para preservar mi salud mental como para descubrir lo que se ocultaba en esas paginas o, tal vez realmente fue el destino, o mi desesperación, recogí la libreta de mi abuelo, y los lleve a la universidad con un viejo amigo mio, quien era lingüista y filólogo; si alguien podría librarme de, era seguramente él.
El camino a la universidad fue breve, pero en mi cabeza sonaba aun la horrible melodía. Pronto llegue y pase a la sección de mi amigo, la cual no era más que un enorme cuarto quimera de biblioteca, estudio y oficina; donde, en el centro había un enorme escritorio de madera, con una silla de piel, con enormes libreros que probablemente, contenían varios cientos de volúmenes de su rama y otras ciencias auxiliares, que se elevaban sobre mi cabeza como inexpresivos testigos.
Tuvimos una breve conversación sobre temas de la menor trascendencia, que me ayudo a notarle un poco menos animoso que la ultima vez que nos vimos. y note que, al fondo, detrás de él, podía verse una mesa en la que había un gran numero de papeles y libros sin clasificar.
-Escuche que tenias algo importante que tenia que ver...-
Dijo mi viejo amigo, sacándome de mis meditaciones, yo, por pura inercia enfoque la mirada en el mientras se hundía en su mullido sillón de piel, examinándome, una cosa tan típica de él.
-Sí, mira...- Dije y tome, con extraño nerviosismo y un temblor en la mano, el cuaderno en piel, y lo abrí en una pagina cualquiera, de forma que él pudiera ver las letras.
Pronto, distinguí el cambio de en su apariencia monótona, ya que las facciones de su cara, daban paso a una mueca de... ¿sorpresa?. Me arrebato los papeles de las manos sin dirigirme ninguna palabra, pero con cierta delicadeza, tal vez pensando que no debía mostrar un interés desmedido. ¿Acaso mi amigo era un iluminado como mi abuelo? O ¿Al estar mas familiarizado con el mundo de las letras, había caído mas rápido al embrujo de estas “arcanas”?. Reviso cada una de las hojas ignorándome. Pronto se dirigió a su estantería y tomo un grueso volumen. Lo abrió en una pagina, y comenzó a cotejar con las hojas amarillas. con una gran emoción distinguible en su rostro, junto con la tal vez una perturbación de encontrar algo fuera de lo común que es, y que al mismo tiempo no debería ser, una aberración.
-Si esto es alemán y esto otro es latín, asumiendo claro que este simbolo sea pariente de la mu griega, en ese caso la pronunciación debe de ser “... Und ich werde die terra zu öffnen, werde ich in den Himmel steigen, und transmutare meine animo” que literalmente seria “...Y abriré la tierra, subiré al cielo y transmutare mi alma”- dijo para si mismo en un susurro, esto y otras cosas inentendibles en un extraño dialecto.
Se detenía un momento, hacia una nueva revisión a su libro, se dirigía a la estantería, tomaba otro y regresaba para continuar, y durante dos horas que me parecieron eternas, termino ese ciclo. Cerro el libro en turno, y me miro con los ojos bien abiertos.
-¿De donde sacaste esto?- me pregunto lleno de una emoción extraña.
-Escondido, dentro de un escritorio que compre en una casa de antigüedades- Le dije, encubriendo el verdadero origen del cuaderno, como si temiera que supiera que estaba, en cierta forma, relacionado conmigo.
-Estos papeles, a primera vista, puedo decir que están escritos en un lenguaje similar al alemán y en alguna manera, con rastros de latín y esperanto, lo que lo convierte en un texto relativamente resiente, pero combina elementos antiguos con modernos. A mi parecer, son un compendio filosófico, pero creo poder traducirlo a algo que podamos entender para dentro de unos días-
Escuche su respuesta sospechando que tal vez me ocultara algo, ya que esa respuesta no explicaba de ninguna forma los símbolos arcanos en el cuarto de mi abuelo, ni mucho menos, su interés en saber de donde los saque y querer traducirlos personalmente. Analice la situación un momento, y llegue a la conclusión de que tarde o temprano sabría que eran esos textos, así que de ese modo, le deje los papeles a que los tradujera.
Así, pase una semana sin saber nada más de los papeles, pudiendo dormir placenteramente sin ningún tipo de símbolo danzando ante mi, ni música que acompañara la noche. Durante esos días el intentar explicar lo que mi abuelo había intentado hacer en ese cuarto y el significado de los símbolos; había dejado de inundar hasta la locura mis pensamientos, volvía a ser yo. Pero una noche, las visiones de las letras danzando aparecieron nuevamente, como mensajeros.
Recuerdo ese sueño, era común, ordinario, pero de repente, aquellos símbolos surgían de ninguna parte, y danzaban; espere la estridente música, pero nada, solo el silencio. Su danza era mucho más rápida, caía en el caos y regresaba al orden, pronto note que las letras no estaban, solo danzaban los símbolos que desconocía. Pronto formaron entre ellas un gran circulo en el que danzaban más y mas rápido, en un frenesí. Pronto, una especie de serpiente salida de la nada, con el lomo rojo y el vientre verde comenzó a devorar a los símbolos uno por uno y justo cuando termino su labor, me miro a los ojos penetrante, hiso una mueca similar a una sonrisa y comenzó a comerse su la punta de su cola.
Desperté alterado y sudando frío. Corrí a la puerta. Estaba a punto de girar del picaporte cuando la lógica me detuvo. -Yo Alfonso Quilamia, corriendo por un sueño a abrir la puerta-. Decidí tranquilizarme y regresar a dormir.
Había dado la vuelta, avance unos pasos, y justo en el momento en el que mi pie acariciaba fugazmente el primer escalón, fue cuando escuche, los claros golpes rítmicos detrás de mi, sin duda, alguien llamaba la puerta. Un vuelco dio mi corazón, y temeroso, di media vuelta, mire a la puerta.
-¿Quien es...?- pregunte con la voz temblorosa.
-Lo encontré Alfonso, lo he traducido, es importante que lo veas...- pude reconocer la voz de mi amigo.
Abrí la puerta y lo encontré. No lucia un aspecto de lo más agradable, ya que daba la impresión de no haber tomado una ducha en mucho tiempo; esto sin agregar lo marcadas que tenia las ojeras.
-Lo encontré, el verdadero sentido de estos apuntes, es increíble, sorprendente...-
-¿Qué encontraste?- le pregunte un poco asustado por su reacción.
-La...- no pudo terminar la oración, callo fulminado al suelo.
Yo lo mire desplomarse, y no reaccione hasta que con su mano sujeto fuertemente mi piyama para evitar su caida, y me miraba a los ojos fijamente. Note que en su otra mano tenia unos papeles sueltos, al mismo tiempo que su aliento se detenía para siempre.
Ahí estaba el muerto. ¿Debía llamar a la policía, a una ambulancia?; no sabia que hacer, y en ese estado de nerviosismo mire de forma accidental a los papeles que aun sostenía fuertemente en su mano. El nerviosismo y el temor dieron pasos a una ávida curiosidad de saber, sin importar el costo, el contenido de esos papeles.
Leí su contenido una vez, dos veces, tres veces, infinitas veces, encantado por ese laberinto de palabras. Un dolor cubría mi corazón, pero la excitación casi morbosa alimentaba mi mente. Cada palabra revelaba el mundo, revelaba aquello que los científicos buscan, lo que el filosofo sabe que nunca alcanzara completamente, y yo lo tenia en mi mano. Comprendí la locura de mi abuelo y que la había plasmado en ese cuaderno. Él no pudo soportar la emoción, comparable a la que experimento lingüista que arrebato los secretos a los faraones. Ahora Yo podría romper las ataduras de cuero de esta cama, a la que me han confinado mis congéneres; ya que no ven el mundo como es. Podría salir de este nosocomio de mentes, y ser dios de este mundo, ser inmortal al ser todos y al mismo tiempo ser nadie, solo diciendo unas simples palabras. Pero tengo miedo de dejar de ser Alfonso Quilamia

-¿A donde va?- pregunto Alfonso al medico mientras este le daba la espalda.
-Ya he escuchado suficiente, ¿Y por que no me dice esas palabras?- respondió el medico abriendo la puerta.
-Mireme, yo obtuve ese conocimiento sacrificando mi "cordura", no se puede tener nada sin sacrificar algo, ¿Usted que sacrificaría por el mismísimo secreto de Dios?-
El medico no le respondió. Salio y cerro detras de él la puerta a la habitación, sin decir palabra.
-¡¡¡Cobarde, Cobarde, Cobarde!!!, ¡¡¡Tiene miedo de descubrir la verdad!!!- Gritaba Alfonso sacudiendo con su voz las frías e inexpresivas paredes del manicomio.

Los que se quedaron

El hombre se miro reflejado en la superficie pulcra del espejo -si se podía llamar de esa forma-. El trabajo de su vida yacía frente a sus ojos vidriosos. Sabia que al terminarlo se condenaría, pero era un precio que estaba dispuesto a pagar, ya lo había decidido, desde que la idea abominable broto de su mente, mientras la ejecutaba, y ahora, al final, ya no había marcha a atrás.
Recordó cuando era niño, cuando mataron a todos los de había conocido y llegado a ¿Amar?. Y aun a su avanzada edad recordaba los sonidos de las bombas, recuerda los gritos en la noche y en el día. La gente siempre estaba matando, la gente siempre estaba muriendo. -Ya no se escucharan más, nunca más- pensó.
Observo al frente cada detalle, cada color, cada sonido, nada escapaba a su escrutinio en el mundo que él había construido, ¿O destruido?. Sonrío al ver su obra con la misma inocencia con la que un niño mira los garabatos que amorosamente pinto en una blanca pared.
-Al fin, al fin- mascullo con leves palabras que se escapaban entre la comisura de los labios, al tiempo que unas breves lágrimas escarban lo que queda de su rostro.
Las fuerzas le abandonaron, y se arrodillo vencido en el suelo.
-Tuve el poder de convertirse en dictador, incluso en un dios de una utopía. Pero sabia que eso no cambiaría nada, solo lo continuaría. Sabia que mientras existieran dioses, seguiría la gente peleando por ello, y sabia que aun sin dioses, la gente lucharía por poder, y aun sin poder, la gente pelearía para simplemente para perpetuar la miseria, ya que se de primera mano que los miserables, hayan solo consuelo animal e inhumano en la miseria de sus iguales, y solo la gente noble la encuentra en las alegrías ajenas. Pero la gente noble hacia mucho que murió. Las utopías no podían existir....era la única manera...¡Era la única manera!- Grito con todas su fuerzas como si se tratara de una confección y una apología, ante un tribunal inexorable, invencible e inexistente.
Todo ya estaba hecho. Un mundo sin intolerancia, un mundo donde todos era verdaderamente iguales, un mundo sin desigualdad -valga la redundancia-. No podía sino estar más feliz, pero se sentía solo. El infinito horizonte de un color gris, y la tierra quemada en un insano color ocre eran su legado maldito, lo que hubo que alcanzar.
Miro a sus ayudantes. A esas maquinas que el mismo había hecho, a esos seres de metal que le habían permitido alcanzar su sueño utópico. Sonrío, sonrío por que sabia que pronto seria su final, y sabia que les había programado para que no repitieran los errores de su creador, para que lo hecho en el pasado no regresara.
-La historia es cíclica, por eso la e destruido en el fuego, por que aguardo la esperanza de que surja una completamente nueva de las cenizas- grito demencialmente.
Los robots se activaron al escuchar su voz, y le destruyeron en ese solitario lugar. Los robots se quedaron inmóviles mientras la sangre de su creador emanaba de sus manos, no sintieron culpa, ni nostalgia, ni tristeza ya que esas eran actividades únicas de los hombres que se habían ido, y no de los robots que se habían quedado.

B.F.O.
Licencia Creative Commons
Los que se quedaron por Barajas Fierros Osvaldo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.