Las manos de aquel hombre continuaban encendidas, mas, sin embargo, ella no se consumía. Había perdido el conocimiento momentos antes, así que, los gritos producto del dolor, ya no surgían de su boca. De las ropas, devoradas por el fuego, solo sus cenizas eran testigo de que en un momento fueron palpables. El olor de telas, piel y carne quemada, emanado, era la demostración del paso del fuego. Pero, no seguía avanzando. No ardía más la piel, como si el tiempo para ella, hubiera tomado la decisión de detener su paso.
El hombre la dejo en el suelo.
-Tú carne no es abrasada mas por las llamas, pero, te escociste ante ellas. No lo entiendo. Tú piel, tiene la profunda quemadura, signo del lugar en que mis manos, calientes cual hierro, se posaron. No lo entiendo...-
El soliloquio se vio interrumpido. Un infernal sonido, trueno de artillería, se extendió callando a todos los demás ruidos del entorno; dejándolos subordinados. Después, aquel claro choque, era agua contra las piedras antiguas, una cantidad enorme de agua. Se deducía, que era arrojada desde gran altura, cual cascada. Surgió un cálido vapor, consecuencia del agua, que se abría paso hacia él, extinguiendo sus llamas.
-Esto es obra de ese Turinoog- Susurro el hombre.
Ev, fue despertada al sentir el agua. Elevo la vista, pudo percatarse, aquelextraño hombre, se encontraba de espalda. Se arrastro a palmos, con discretos chapoteos acallados por los otros ruidos mayores. Sintió la empuñadura de su espada, la acaricio para asegurarse, y la tomo entre sus dedos. Se levanto, conteniendo la respiración, soportando todo el dolor, de las quemaduras, donde el ardor, aun era intenso en aquellos lugares. Casi no tenia fuerzas, estar de pie significaba un enorme esfuerzo, sostener la espada, tenia como consecuencia, una mayor dificultad. No había que ser un sabio, para notar que, seria un único intento. Respiro hondo, en un intento por conseguir el valor, y acaso, con el, la fuerza que no tenia. Corrió con la espada, dispuesta a penetrar con aquella punta de hierro, todo lo que encontrara en su camino, ropa, piel, carne.
Por un segundo, en su mente, se formo la idea, lo conseguiría. El hombre se volteo, dando apariencia de girar en el filo. Ev siguió corriendo, aun no podía dar crédito; la detuvo una fuerte la presión en torno a su cuello. Guío sus manos al lugar de la presión, Una mano golpeo con fuerza su mano, soltó su espada. No tenia posibilidad de tomar nuevamente su espada. Con sus manos en la garganta, comenzó un frenético intento por liberarse. Miro al hombre, seguía con la cara inexpresiva, con los ojos extraños. A Ev le faltaba el aire.
-Niña, Acaso tomaste por verdad, que podrías matarme, que soy como cualquier perro incauto. Esa es tu falla, el error fatalista. Mis llamas no podrán matarte, a ti, y veo, que ya a nadie en este lugar, pero con mis manos...-
Oprimió con mucha mayor fuerza el cuello de Ev. Una sonrisa cubrió su cara.
-¡Despedazare tu cuello!- exclamo.
La cara de Ev, se torno de color rojo. Fue levantada del suelo. Sus pies ya no lo tocaban. Pataleo y golpeo. Intento decir algo, nada podía salir de su boca. Unas lágrimas se derramaron de sus ojos. Golpeaba las manos del hombre con fuerza, buscando zafarse.
El hombre comenzó a tararear.
-Y brotan las saladas aguas de unos ojos, que están consientes, de que nunca volverán a ver. El camino al cielo, tan corto, tan corto parece, tanto que nos olvidamos, que hay un infierno, nos confundimos entre placeres, y cuando nos percatamos del error, ya es tarde; No sufras, no sufras, pronto ya no sentirás más...-
Ev dejo de moverse.
-¿Puedes escuchar el teñir de las campanas?, ¿Escuchas lo cerca que están?, ¿Escuchas los llantos por tus exequias?. Ya no escuchas nada, ya no sientes nada, tu tiempo a llegado, tu tiempo a...-
Sintió un golpe en la cabeza. Fue un objeto caliente, y duro. Era un capasete, aun con algo de carne chamuscada. Sin dejar de sostener el cuerpo de Ev. A diez metros de él, dos hombres, uno un poco más alto que otro; parados, justo a lado de un cadáver, de algún pobre diablo que la suerte dejo tirado.
-No entiendo como fuiste capaz..- dijo Alfonso, conteniendo las ganas de vomitar.
-Hombre, creedme, a él no le importa.- respondió Paolo alegre.
Alfonoso se levanto y miro al tipo, se percato de quien a quien sostenía.
-¡Suelta a Ev!- exclamo con fuerza, quería que lo escuchara a pesar del rugido del agua.
El hombre solo lo miro, y dijo:
-Ru- anidio -Tu ru cane seyi alijo, Tu ru se wo lorio-
-Es inútil intentar hablar con él- dijo Paolo.
-Inútil, inútil es un adjetivo curioso, significa aquello que no es útil. Es una lengua muy estúpida...- Dijo el hombre.
-¡Suelta a Ev...!- repitio.
El hombre la arrojo con fuerza al suelo.
-No me gusta cargar con lo que acaba de adquirir una condición exánime-
-¿Perdón?- Pregunto Paolo.
-No más respuestas a los insectos, no se preocupen, solo sentirán un ardor, después...- No termino la frase.
Sus manos se encendieron, cubiertas por llamas brillantes azules. Un viento soplo. El humo comenzaba disiparse. Paolo avanzo un par de pasos.
-Atras hombre, bien sabemos tú y yo lo inútil que eres para estas cosas, y este tipo se ve que es duro- dijo Paolo, y camino despacio, hacia ese hombre
Una sonrisa se dibujo en el rostro de aquel hombre, de nuevo. Corrió contra Paolo quien se coloco en guardia.
El hombre acelero. Paolo se preparo para lo peor. Varias cosas pasaron por su mente, recuerdos de otros tiempos.
-Come in quei giorni- susurro Paolo con nostalgia.
Solo los separaba metro y medio cuando salto, Aquel tipo paso por sobre de Paolo.
-¿Perché?- Susurro Paolo girando sobre si mismo. Miro aterrizar al hombre sin voltear a verlo. Lo comprendió, era tarde.
-¡Alfonso...!- Grito con fuerza.
Mas, Alfonso se quedo quieto sin moverse, sus músculos paralizados por el miedo se lo impidieron. Paolo corrió tras él extraño sujeto, pero era más rápido.
-¡Urde, urde, urde, urde!- exclamaba ese sujeto.
Estaba tan cerca a Alfonso, que practicante, podía escuchar su respiración. El flujo del tiempo se torno más lento. Alfonso, podía ver los segundos como horas. Observo a ese hombre y a Paolo al fondo. Tras ellos, un cuerpo, humo negro, y vapor blanco.
-Mori...- Alfonso susurro por un instante.
Cuando sintió el puñetazo en la boca de su estomago, fuerte, intenso, no solo fue el puñetazo, fue el puño penetrando su carne, quemando todo. El calor se esparció como plaga. La percepción de los segundos paso de horas, a años. Todo tenia la apariencia de pasar, con pasmosa lentitud.
Alfonso, mientras su cuerpo caía, por sus ojos, podía ver a un furioso Paolo comenzando a luchar, contra un demonio. No sintió el agua, ni el porrazo con el suelo. Los gritos, las palabras, la infinidad de sonidos que conforman el mundo eran distorsionados, en sombras de si mismos. De pronto, Alfonso se sintió cansado, con mucho sueño. Cerro los ojos, todo se torno en negro.
Ev se levanto, el aliento regreso súbitamente. Miro extrañada, recordó la presión en su cuello. Se llevo sus manos asustadas, respiro hondo. Jadeando.
-Yo, yo estaba muerta... ¿Porque?- susurro, casi llorando.
Miro a su alrededor. Se dio cuenta de que la camisa se había quemado, ya no quedando nada.. El ardor en su piel, se sentía, pero, ya sin la misma intensidad que antes. Sintio la forma irregular dentro de una de las bolsas. Lo entendió.
Vio a Paolo luchando contra aquel hombre. Le sorprendió mucho el ver como, luchaba con tanta soltura. Pero se percato de un cuerpo en el suelo.
-No luchas como luces- dijo el hombre sin inmutarse.
-Callate...- respondió Paolo propinando un golpe.
El hombre lo esquivo. Y pronto, con su mano encendida, intento clavarla. Alfonso pudo anticiparlo, y sujeto al hombre por su muñeca, también por el cuello de su traje. Lo elevo sobre si y lo azoto con violencia al suelo. Del suelo surgió un sonido sordo. Una gota de sudor bajaba, abriéndose paso en los surcos de la sien de Paolo. El hombre en el suelo se levanto como si nada.
-Tu ru caned niwn, rat kwe tu se bebfil- dijo esto aquel extraño y comenzó de nuevo a pelear.
Paolo lanzo un rápido golpe. El sujeto lo esquivo. Y con fuerza más aya de la humana, golpeo con su mano desnuda el brazo izquierdo de Paolo. Se escucho un crujido, el sonido de los huesos rompiéndose. Apretó los dientes, preparado para el dolor. Callo al suelo, y se levanto. Coloco su palma al brazo.
-No me importa, tu no me ganaras...- Contesto enérgico Paolo.
-...re- Dijo Alfonso, quien se levanto de inmediato
Palpo todo su cuerpo, para comprobar que estaba entero. Se llevo la mano a la frente aliviado. Pensó un momento. No había nada, solo el, y la profunda obscuridad. No existía fuente alguna de luz; pero a pesar de eso, podía observarse a si mismo.
-¿Donde me encuentro?- Se pregunto en voz alta, como esperando respuesta.
El silencio continuo.
-¡Hay alguien!- grito con fuerza.
Nada, -sin contar su aliento agitado-, sonaba.
Camino a cualquier parte, daba igual, no se veía fin. En su mente paso la frugal imagen de él, siendo golpeado por aquel extraño hombre.
-¡Acaso estoy muerto!-. Grito con fuerza.
-¡No!- dijo una voz proveniente, de cualquier parte.
-¡¿Quien habla?, ¿Quien no se oculta en las sombras?!- Grito con fuerza.
Más la voz no se volvió a escuchar. Repitió el grito con más fuerza, tanta que sintió que su garganta se rompía. Y el silencio seguía.
-Quien quiera que este en las sombras, que se muestre-
-No- respondió la voz.
-!Quien dijo eso, quien¡, ¿Por que no se muestra?-
-No- dijo de nuevo.
Alfonso grito, desesperado.
-A caso, ¿Lo único que sabe decir es “no”?-
-No- respondió la voz, y pronto anidio. -¿Quieres salir?-
-Sí, por supuesto, que quiero salir de este lugar...-
Salio, tras del velo de sombras, una figura blanca. Una mujer, con un ceñido vestido blanco, que llegaba al suelo, donde la tela fina, se trasmutaba en sucios jirones de tela rota. Su cara, era cubierta por un yelmo, sin visera. La manga era inexistente en su brazo izquierdo, en cuya mano, era sostenida, una espada, que daba apariencia platinada. Le extendió la mano derecha. Se percato del contraste, ya que el brazo derecho, era cubierto, por una armadura del mismo material de la espada.
-¿Quien eres?- pregunto Alfonso.
-Toca mi mano, y saldrás...- Dijo ella ignorando la pregunta, en un tono de voz suave.
-Aun no me dices quien eres...-
-Interesante... veo que no me equivoque... me alegro...-
-¿Sobre que...?- pregunto de nuevo, pero le interrumpió la mujer.
-...Mas, no hay tiempo para eso, toma mi mano, y saldrás de este lugar, no miento, piénsalo, cualquier cosa es mejor que estar en la nada. En cuanto a tu pregunta, tengo la seguridad de que pronto la responderé, mas ahora, te repito, toma mi mano- contesto ella.
Alfonso extrañado, extendió su mano. Al estrujar su mano con la de aquella mujer, sintió una piel fría, como hielo.
-Promete, que protegerás lo que soy, y aquello que e creado... Tu wo filorto...- dijo la mujer, con un tono, que denotaba algún profundo dolor.
Alfonso se levanto del suelo. Había sido devuelto a la plataforma. El humo se había disipado. Por primera vez pudo apreciar las dimensiones colosales de la plataforma, pero lo que llamaba su atención, era ver a Paolo, combatiendo a aquel demonio con apariencia de mortal.
Otra traducción...
Ru, Tu ru cane seyi alijo, Tu ru se wo lorio # No, no puedes decirme nada, no eres mi señor.
¡Urde, urde, urde, urde! # ¡Quemar, quemar, quemar quemar!
Tu ru caned niwn, rat kwe tu se bebfil # [Tú] no podrás ganar, ya que, [Tú] eres débil
Tu wo filotli # [Tú] mi pequeño niño/hijo
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