sábado, 26 de febrero de 2011

Recursivo


Miro las palabras desperdigadas sobre el papel como si las hubiera arrojado violentamente -y en verdad, si se analiza un poco las había “arrojado”-, profundizo en el orden de los negros caracteres de tinta que les componían. Noto cierta singularidad contenida en los sonidos de las silabas formaban en su sucesión finita justo tras salir de sus labios; le eran familiares a los oídos los diálogos y las figuras descritas.
Lo leyó otra vez más, en voz alta, solo para cerciorarse; y horrorizado comprendió que lo había hecho de nuevo. Había escrito él la introducción de "El inmortal" de Borges, pero lo realmente grabe, lo terrible, yacía en que al mismo tiempo había escrito otra cosa.
No era exactamente "El inmortal", pero ahí estaba, escondido dentro de las frases que definían con calculo frio la motivación de su personaje, y la tragedia a la que era conducido. En lugar de ser un legionario romano de la época de Ovidio, se trataba de un mas cercano soldado árabe en tiempos de Averroes. Era diferente el desencadenante, en lugar del moribundo jinete en busca del río Nilo, un loco ermitaño revelaba la existencia de un río donde sus aguas eran fuente de vida eterna a quien fuera capaz de beberlas, justo antes suicidarse con un té de cicuta.
Rompió las hojas con espanto. Deambuló por su amplio estudio pensando -el termino divagar seria más apropiado- en la serie de hechos, en su suma extraña, le habían llevado al desastroso resultado. La duela de roble rechinaba a su paso, siendo, solo después del sonido de su respiración, el único sonido que poblaba su mundo. Decidió regresar a la maquina de escribir, e intentar componer algo que fuera más propio, y menos plagio obra del subconsciente agitado.
Escribió durante unos minutos un relato corto, quería que fuera perfecto en cada palabra, que cada símil justo y las anáforas acompañaran a las anfibologías correctas. El tranquilizador sonido de los dedos oprimiendo las teclas de baquelita lleno al estudio, solo cortándose en aquellos momentos cuando revisaba el texto de reojo. De repente, sin aviso previo o justificación aparente, golpeo las teclas violentamente, imprimiendo sobre el blanco papel un conjunto de palabras sin significado.
Tomo las hojas, las jalo bruscamente arrugando su pulcritud; el rodillo lanzo un gemido de tono irritado por aquel acto. Comenzó a leer. Los ojos del escritor casi abandonaron sus orbitas cuando llegaban sus pupilas a la negra tinta que indicaban el fin de la historia; “la historia de un hombre que agobiado por la vida, se decide a buscar un tesoro de gran importancia para él, escondido tras tres puertas vigiladas por tres bravos guardias, pero nunca logra pasar mas aya del umbral de la primera puerta ni del ojo penetrante y fijo perteneciente al guardián”. Era en definitiva una extensión desproporcionada, un insulto a un pequeño y conocido cuento de Kafka.
Deambulo por su estudio al tiempo que era arrojo el escrito directamente al desbordado cesto de la basura. Lleno de varios relatos cortos que eran robos discretos de otros. Se dirigió a la sala en completo silencio. Lego al mullido sillón, se sentó suavemente, estiro unos centímetros las manos y con los dedos huesudos sujeto la botella de coñac; vertió parte del liquido, dulce veneno de hombres, en una copa grande. Lo bebió sin saborearlo, sintiendo el ardor del alcohol abriéndose paso por su garganta. Carraspeo un poco mas por costumbre que por necesidad. Recostó su cuerpo en el sillón, y observo el techo. Nunca se había puesto a pensar en las irregularidades de este; a fin de cuentas, es superfluo pensar en ello.
Pronto el peso de los párpados le fue insoportable, la fuerza desaparecía de sus miembros superiores e inferiores; tras cerrar los ojos, la mente comenzó a desconectarse sistemáticamente del mundo, pronto quedo dormido.
Se soñó a él mismo, se observo soñando plácidamente sobre el sillón. Y dentro de ese sueño, era separada su alma de su cuerpo y se colocaba en la misma posición, mirándose dormir; observo que, detrás de él, otro él y lo mismo sucedía adelante; le observaban, detrás de este otro, y otro. Pronto concluyo que cada uno -incluyendolo- era el sueño del anterior, una multiplicación de si mismo al infinito. Él reflejado infinitas veces, todos eran sus reflejos, y como tales, hacían sus mismos movimientos, ¿Eran realmente sus movimientos? ¿Eran de algún reflejo atrás?, ¿Eran de un reflejo en el infinito delante?, ¿O simplemente todos eran el mismo?. Todos se contemplaban durmiendo sobre el sillón desde el fondo del infinito. ¿Por que le contemplaban?, ¿Que sucedía exactamente?. Intento dar una explicación. Despertó de ese sueño recursivo.
-¡Que horrible visión!- exclamo el hombre perplejo.
Regreso al estudio, Miro la maquina de escribir y las hojas. Comenzó a escribir lo ocurrido con todo lujo de detalles. Anidio adornos poéticos, esencias de misticismo, paradojas, junto con criticas a todo, llego pronto a tener varias paginas; todas producto de un sueño recursivo. El sonido de las teclas en susecion había llegado al frenesí. Pronto pensó que había escrito algo original, nuevo y sin antecedente, algo que le pondría a la altura de los mas grades. Comenzó a leerlo. Lo leyó una vez más, otra, otra, y a cada nueva leída su rostro se desencajaba dándose cuenta de que mezclaba y aparecían los juegos de palabras propios de Nabokov describiendo las posibles pesadillas surrealistas provenientes Kafka, en conjunto con el sentido de que toda realidad en esencia es ficticia, irreal y por lo mismo fantástica.
Rompió las hojas. Las rompió en varios retazos irregulares. Los miro con odio, desprecio, se acerco a los que habían caído sobre el piso de roble, de entre los jirones de papel vio algo que según él no había escrito, algo que respondía su maldición cruelmente.

...cuando se despertó regresando al mundo, después de intentar razonar un sueño, -una tarea irracional- comprendió que de entre los infinitos fractales de los sueños y sus recursivos clones, para él ya todo sobre lo que se podía escribir ya está escrito...”

Las preguntas agolparon las paredes de la mente. ¿Lo habría escrito él?, ¿Lo había escrito en posición de alguno de sus reflejos?, ¿Es solo un sueño?; pero todas se iban diluyendo mientras una nueva y más estremecedora surgía: ¿Exactamente que significaba “...ya todo sobre lo que podía escribir ya está escrito...” ?. Cualquier respuesta si existe, el no la sabia, no la sabe ni la sabrá.




martes, 22 de febrero de 2011

La llave dorada (parte cuatro)


Y con las estrellas bajo sus pies. El montante comenzó a hundirse con lentitud, sin inclinarse ni un ápice. A su alrededor las delicadas ondas surgían con una gran longitud, hasta chocar con los bordes donde desaparecían en medio de irregulares perturbaciones. Paolo y Alfonso seguían viendo lo que sucedía con atención.
Ev tomo nuevamente la empuñadura de su espada con su mano derecha. Comenzó a hundirse también, y extendió su mano izquierda hacia Alfonso y Paolo. Por un segundo dio la impresión de que su brazo se estiraba, que era mucho más largo, fuera de proporción para su cuerpo.
-Si tu de verdad quieres saberlo, toma mi mano...- Dijo Ev.
Alfonso obedeció aquel orden que sonaba a suplica, para después sujetar el cuello del traje de Paolo. Pronto comenzaron a hundirse los tres lentamente en esa materia irreal compuesta por símiles de sueños.
-¡¿Pero qué...?!- Se pregunto Paolo, pero pronto fue cubierto completamente, antes de poder luchar y entender que pasaba.
Paolo y Alfonso por reflejo sostuvieron la respiración. La sensación de la existencia del arriba y abajo no era presente mas en ese medio imposible, de constitución densa equiparable al aire, donde la piel se sentía humedecida como en el agua. Alfonso observo detenidamente la forma en la cual Paolo giraba lentamente flotando en estado de ingravidez, con su mano sosteniendo el cuello de su traje como pivote. Paolo alcanzo a sujetar la mano de Alfonso; quien entendió el mensaje y soltó el cuello.
Comenzaron a moverse jalados por la mano de Ev. Acelerando a cada momento, pronto, las estrellas en sus constelaciones desconocidas se desenfocaban por el movimiento, después, su luz se distorsionaba hasta limites impensables, todo era un vertiginoso vórtice donde la luz perdía toda diferencia con la oscuridad. Mas a pesar de todo intento de Alfonso, en definitiva no podía decir "por" donde, ya que tanto la sensación de las direcciones a las que tanto se acostumbra era ya una mezcla homogénea, y de forma similar, como consecuencia directa, no podía responder ¿A dónde?. El movimiento continuo más y más rápido, de súbito, emergió la idea, él pensamiento de un avance, por un trayecto infinito, en un tiempo finito. Desecharon esa idea, era imposible.
Comenzaron a ir mas lento, ya no quedaban estrellas blancas, ni azules, ni rojas, ni ninguno otro tipo de luces del cielo, la negrura tampoco estaba. Pronto se detuvieron. Todo aquello que vieron antes había quedado atrás del infinito. No se distinguía nada que no fuera el blanco color de la nada. Una sensación de paz profunda le invadió, pero fue sustituida por una desesperanza de no hallar ninguna forma familiar.
-Llegamos...- dijo Ev soltando la mano de Alfonso.
Alfonso recordó que era lo que susedia. Giro la cabeza a donde provenía la voz de Ev, No la vio, una figura contrastante con todo aquello se dibujo en su pupila cautivando toda su atención. Era una forma irracional que desafiaba a toda lógica en ese lugar. Una figura de espanto y horror como las descritas en los libros de Lovecraf hubiera sido en varias medidas mucho mas lógica, entendible en aquel espacio; pero ese objeto no lo era. Una simple puerta negra, de madera, probablemente roble o cedro. Justo en ese lugar flotando con su forma rectangular, inmóvil en el espacio. Nuevamente se separaron las sensaciones espaciales, el arriba del abajo volvieron a ser lo que eran, y entendieron que estaban flotando de lado. Cayeron al suelo Alfonso y Paolo sin explicarse que acababa de pasar.
-¿Ves lo que yo veo? ¿Paolo?- pregunto Alfonso a su compañero
-¿En donde estamos...?- respondió este con la voz temblorosa intentando ocultarla tras una sonrisa tímida.
-En la frontera...- Contesto Ev. -en este lugar entre las ficciones donde se escapa de todo tiempo. Justo el simple hecho de “existir” es lo único que diferencia a los seres de este vacío, lo único que los salva de fundirse irremediablemente con esto, que lo es todo a la vez al tiempo que es nada. Aquí habita un oxímoron, tras otro en una susecion infinita-
-Un lugar así es imposible...- respondió Alfonso.
-Imposible... en efecto; Escapa de toda razón y lógica, pero lo que vez es real...-
-Como detesto esa palabra...- mascullo un instante, miro a Ev. -Como lo dije antes, los ojos pueden mentir...- giro a Paolo .-Dime que vez-
-A de mas de únicamente una simple habitación sin limites apreciables pintada en blanco con una puerta de madera negra a un par de metros de nosotros, y a una joven vestida muy informal... nada fuera de lo normal hombre...- respondió Paolo sarcástico; su sonrisa era mas discreta de lo usual.
-¿Y esto en que forma demuestra tu historia...?-
-Existe un espacio infinito que separa las Ficciones unas de otras, "La frontera", este es ese espacio, y esa puerta solitaria y sin explicación, es solo eso, una simple puerta en un simple espacio, una puerta que contiene a la ficción, que de forma única, solo puede ser abierta con la llave que creo aquella ficción contenida en su interior. Cuando se abra la puerta con su llave; frente a esa puerta pasara "todo"- Contesto Ev y miro a Alfonso.
Alfonso camino a la puerta. Noto en el pomo, aquel orificio por el cual se suele introducir una la llave, era de una forma irregular.
-Yo nunca dije que tuvieras la llave de "esa ficción"- Dijo Ev mirando a Alfonso.
-Y en ese caso, ¿Por que nos has traído a este punto? Sigo sin creer que mi mundo es “una ficción”- Pregunto Alfonso.
-Solo aquí puedo hacerlo- pronuncio Ev mirando la puerta negra.
Ev elevo su montante pronunciando palabras de profanos sonidos. Comenzó con ella a cortar la atmósfera, al tiempo, el sonido del desgarramiento se oyó. Se abrió un nuevo portal entre los sonidos de su negación a “ser”. Ella extendió su mano hacia los dos hombres. Alfonso tomo la mano de Paolo, y después tomo la de Ev.
-¿Ves eso...?- cuestiono Alfonso a Paolo
-Claro hombre, la chica acaba de rasgar el espacio tiempo y como buenos samaritanos la seguiremos...- La sonrisa de la cara de Paolo ya no estaba, o simplemente era imperceptible, pero aun mantenía el tono de voz, o lo intentaba.
Alfonso observo la rasgadura en la blancura del espacio. Le recordó a la tela tras ser rasgada por el filo de cuchillo, como surgían los jirones irregulares flotando en la periferia de la herida tela. De la misma forma, un jiron de esa materia flotaba suspendido en el aire agitado por un viento inexistente. Lo que seguía después de esa rasgadura no se podía ver. Pasaron por ese nuevo portal. Cerraron los ojos.

El intermitente llanto de una alarma llego a sus oídos; a sus narices un olor húmedo. Pronto una voz de tono y sonidos desconocidos le acompañaron. Parecían ser una clase de regaños. Abrieron los ojos, observaron una extraña habitación. Aparatos sin un fin fácilmente determinable por todas sus partes chillando, con las manecillas de sus indicadores girando en varios sentidos en desconocidas unidades, sus válvulas liberando vapor a presión cambiando por la escarlata luz incandescente de la alarma, los bulbos brillaban un instante antes de que se formaran entre barras de carbono los brillantes y segadores arcos eléctricos que infundían una luz tenebrosa a la escena. Detrás de ellos el portal había desaparecido, y al frente, un anciano ligeramente gordo, de cabellos blancos, tez morena y una amplia barba hablaba por su gran boca frenéticamente al ritmo que movía el dedo índice de su mano derecha, señalando a Ev. No habia que ser un genio para darse cuenta de que el tipo estaba furioso.
-Antes de que preguntes, ¡Sí!, ¡Estamos en un laboratorio con un típico científico loco de los años cincuentas...!- Respondió Paolo con el tono un poco más alegre, pero la sonrisa en su cara no estaba, solo una mueca nerviosa. Alfonso sabia que Paolo se estaba cagando de miedo, ese era su mecanismo de defensa; una sonrisa y una broma que no venia a caso. Al menos el comentario le había ahorrado la pregunta.
El hombre volteo la vista a ellos. Sus ojos lucían rojos por el coraje y cansancio. Un nuevo arco eléctrico ilumino la zona haciendo notar, que de no ser por su color de piel, las ojeras debajo de sus ojos enmarcando sus noches en vela serian verdaderamente obvias.
Dijo algo que ninguno de ellos pudo entender, era otra lengua. Ev contesto algo en un tono consiliador. Pero solo obtuvo otro -aparente- regaño. El tipo señalo con su palma a una serie de artefactos al fondo. Regreso con Alfonos y Paolo. Continuo diciendo cosas que ninguno entendía por unos cinco minutos. Era una situación bastante incomoda y molesta.
Se escucho un chirrido detrás de ellos, no había duda que pertenecía a unas pesadas bisagras propias de puertas de acero. El hombre moreno dejo de gritar para ponerse en posición de firmes. Ev hizo el mismo gesto. Alfonso y Paolo giraron a ver por quien.
Era un hombre de facciones afiladas como un águila, vestido con un traje de negro. Llevaba una gorra de plato negra, contratando con una insignia de plata; la cual consistía de dos espadas cruzadas formando una equis, unidas en sus medio por un listón y bajo ellas una llave.
-La formalio ru se nedje; Enoostein, ofece la aramo- dijo el hombre
-¡Ea lorio!- exclamo Ev en una forma bastante cómica.
El hombre moreno se dirigió a sus aparatos, desconecto, movió y conecto una serie de interruptores, la alarma dejo de sonar, le siguieron los arcos eléctricos y los vapores.
-Kiesaaller , Tu cane seyi me kin se wor incitadoj-
-Eru se Alfonso Vasile, kin pore la lave- Dijo Ev señalando con la palma de su mano a Alfonso.
Paolo sabia que los estaban presentando, así que inflo el pecho. Ev miro a Paolo, ahora lo señalaba a él con la palma de su mano.
-Ei se Paolo, kin se metite-
-Paolo, relajate...- dijo Alfononso con vergüenza.
En aquel rostro afilado se dibujo un ligera sonrisa. Los observo un instante.
-¿Ere la lileto se..?- dijo el hombre haciendo un curioso ademán con sus manos, dirigiéndose hacia Ev.
-La lileto se varilet ecrux- respondió Ev.
-¡Tavirco!- Exclamo el hombre; pronto con extraño ademán movió el dedo índice derecho a la mitad de su sien, los miro un momento, cerro los ojos un instante y pronuncio:
-Wore louste. La lileto di wor incitaadoj se varilet ecrux-
Abrió los ojos. Observo detenidamente a Alfonso y Paolo.
-Bienvenidos señores, bienvenidos al mundo real...- Exclamo el hombre extendiendo sus brazos con un acento español tan típico de los españoles.
-¿Perdón?- pregunto Alfonso.
-Este es el mundo real...-
-Lorio...wor incitadoj ru ladere la derla...- Dijo Ev un poco nerviosa.
-Tarvirco...- Dijo el hombre, pronto anidio en español -¿Ella no les dijo nada sobre que el su mundo fue creado por un artefacto?-
-Sí, pero dude de su argumento, así que pedí que lo demostrara... de momento sigo sin creerle...- Respondió Alfonso.
-¿Pero todo lo que has vito?- exclamo Ev.
-Hombre, a mi ya me convenciste...- dijo Paolo abrazando a Ev.
Alfonso no dejaba de sorprenderse de la forma tan extraña en la que Paolo siempre olvidaba el miedo de forma tan súbita. Noto la cara sonrojada de Ev. Tomo a Paolo del hombro.
-Paolo, si no dejas a Ev, cree que publicare “ese” vídeo tuyo cantando “Macho Men” en aquel bar gay- Dijo Alfonso sin inmutarse. En cambio la cara de Paolo se desencajo y obedeció enseguida.
-Pezzo di merda...- exclamo Paolo -No entiendo hombre como carajos conseguiste ese vídeo...-
-Yo lo filme...- fue lo único que respondió Alfonoso.
Pronto miro al hombre.
-Supongo que tampoco puedo esperar de usted una demostración de que mi mundo es “una ficción”...-
-¿Podría demostrar que tu mundo no existe?, no puedo, porque tu mundo es tan real como el nuestro; en su lugar ¿Puedo demostrar que tu mundo fue creado?, a esa pregunta la respuesta es “sí”.-
-¡Quiero verlo...!- exclamo altivo Alfonso.
En el rostro de aquel hombre se esbozo una sonrisa.
-Es verdad, creo que no nos han presentado.- dijo el hombre, extendió su mano hacia Alfonso -Mi nombre es Alloan Turinoog; creo que así acostumbran saludar en su tierra-
Alfonso estrecho la mano de Alloan con un poco de desconfianza. Sintió por un momento el fuerte apretón. Alloan noto que lastimaba a Alfonso, así que soltó su mano.
-Lo siento...- pronuncio.
-No hay cuidado-
-Bien, quieres la prueba de que no mentimos. No perdamos el tiempo, ya que es una sustancia mas valiosa que el oro y en definitiva, si se pierde no se puede robar.- Dijo, pronto anidio algo en aquel idioma. -Ev, camere-
-Buto, Allolan, pleleme la tiporiolo- Exlamo el tipo moreno, a lo que Allolan le respondió:
-Ru, wor cane aregal tomolo-
Y salieron Alfonoso, Paolo, y Ev tras Alloan. Pasaron por una puerta gruesa de acero bruñido; que se conectaba a un largo pasillo de dos y medio metros de alto por dos metros de ancho; iluminado por pequeñas ventanas cuadradas de treinta por diez centímetros cada dos metros. El piso tenia un azulejo de mármol blanco y negro que a Paolo le recordó los tableros finos de ajedrez.
-¿Y donde quedo tu espada Ev?- pregunto Alfonso al notar que ella no sostenía su espada; es mas, no se la habia visto desde que llegaron a ese lugar tan singular.
-La llevo aquí...- respondió ella llevándose el puño al pecho.
-¿No entiendo?- exclamo Paolo.
-El “flujo” de Ev es uno de los más singulares...- respondió Alloan sin voltear a verlos.
-¿”Un flujo”?- Mascullo Alfonso.


-En verdad que es extraño...- Exclamo el viejo hombre examinando la antigua pieza.
-Tiene alguna idea de donde surgio...- pregunto el niño.
La tienda de antigüedades poseía cualquier tipo de objetos; algunos que bien podrían entrar en la categoría de reliquias invaluables, y otros, por el contrario, eran prácticamente nuevos cachivaches y chucherías. El desgastado letrero de madera, colocado con sumo cuidado sobre el cristal del aparador, con sus letras en pintura blanca decía el nombre de la tienda. “Antigüedades Erde”.
El anciano miro al niño que había traído aquella extraña cosa. Era un niño pequeño, de no mas de doce años. Vestía con un traje de color café y sus zapatos eran de piel negra; con sus jóvenes pupilas de ébano le miraba. Aquel anciano su una calva, con sus arrugas más una barba blanca que se deslizaba hasta llegar justo a su cintura eran suficiente para que el pueblo lo proclamara como un erudito.
-Me recuerda una pieza que vi en uno de mis viajes a Lubtato interior, no, mas bien, en las islas de Teranole, aunque, es mucho más probable que sea en las lejanas playas de Nostam...- dijo el viejo mezclando recuerdos de otros tiempos; que solo habitaban en los recovecos de su anciana psique.
-Bueno, en ese caso ¿Qué es?- pregunto el niño recargandoce en las rodillas del viejo.
-No, creo que lo vi en una ficción...- dijo el viejo sin escucharlo. -Lo recuerdo, creo que las mujeres en esa “ficción” usaban este instrumento, soplaban delicadamente por uno de sus extremos y una bella melodía que embelesaba los sentidos surgía del interior.-
-¿Usted ha viajado a las ficciones?- pregunto el niño maravillado.
En el anciano rostro se dibujo una sonrisa picara. Miro al niño, dejando el artefacto sobre su mesa.
-Sí, eso fue mucho tiempo atrás, en esos días, cuando estas piernas eran fuertes y esta mente ágil...- Dijo el viejo tocándose sus rodillas con las palmas desnudas de sus manos.
Un pensamiento cruzo por su mente. La sonrisa se esfumo por una mueca mas seria.
-Sí, antes de que el consejo tomara el control de los “flujos” originales, y solo los soldados pudieran viajar...- exclamo el viejo con el tono lento, apagado.
El anciano miro fijamente al niño. Noto como sus ojos le observaban tristes.
-Sabes, hace tiempo, cuando las ficciones comenzaron a existir, antes de que Isusac muriera, justo cuando tenia tu edad, el me comento como era que surgían los “flujos”; Un sentimiento muy fuerte, con la misma fuerza del sentimiento que crea las ficciones con una llave, pero con una diferencia... bueno, ya es tarde. Creo que sera mejor que vallas a dormir.-
El anciano se levanto de su silla y camino a la puerta de la tienda. La cerro y puso el letrero indicándolo.
-Aun es temprano abuelo, por lo menos ¿Cual es la diferencia...?- pregunto el niño.
-Todo tu ser tiene que estar de acuerdo para crear el flujo, tiene que querer, deber y poder, crear el flujo- Dijo el anciano; tomo el objeto sobre la mesa y miro a su nieto.
-Alloan, aun eres joven, pero se que podrás entenderlo- Dijo el anciano, y toco una simple melodía por la pequeña flauta.

Anexo
¿Qué chingados decían.?

Traducción sistemática:
-La formalio ru se nedje; Enoostein, ofece la aramo- #La formalidad no es necesaria; Enoostein, apaga la alarma
Ea lorio!- #¡Sí señor!
-Kiesaaller, Tu cane seyi me kin se wor incitadoj- #Kiesaaller, [Tu] puedes decirme quienes son nuestros invitados
-Eru se Alfonso Vasile, kin pore la lave- #[El] es Alfonso Vasile, quien lleva la llave
-Ei se Paolo, kin se metite- #Y es Paolo, [quien] es metiche
-¿Ere la lileto se..?- #¿La lengua es..?
-La lileto se varilet ecrux- #La lengua es varielet ecrux
Tavirco!- #!Exelente¡
-Wore louste. La lileto di wor incitaadoj se varilet ecrux- # Ustedes escucharon. La lengua de nuestros invitados es varilet ecrux
-Lorio...wor incitadoj ru ladere la derla...- #Señor... nuestros invitados no saben la “verdad”
-Ev, camere- #Ev, vamos
-Buto, Alloan, pleleme la tiporiolo- #Pero, Alloan, mira el laboratorio
-Ru, wor cane aregal tomolo- #No, nosotros podemos arreglarlo mañana



martes, 15 de febrero de 2011

La llave dorada (parte tres)


-¿Ficciones?- pregunto extrañado Alfonso.
-No lo digas tan fuerte...- respondió ella, se podía notar que se encontraba algo nerviosa -Las ficciones, las llaves...-
Alfonso la observo atentamente. Ella parecía por su parte mantener una conversación con su yo interno; estaba perdida en un soliloquio mudo, buscando las palabras adecuadas, o, probablemente una forma menos dura de decirlo, o, solamente le costaba sumo trabajo explicarlo.
-Una ficción tiene el poder de crear otra ficción...- Dijo Ev al fin.
-¿Perdón?- Pregunto Alfonso sin entender aquella extraña locución.
-Las llaves... no... las llaves de ficciones, si, creo que es un nombre mas apropiado, pero se suelen llamar simplemente por llaves, o, ficciones, o herejías...- respondió con un tono de voz nervioso.
-Aun no respondes a la pregunta de ¿Por qué la buscan...?-
-Aun no termino- respondió ella con el tono de voz calmado. -Las ficciones, crean otras ficciones. Las llaves de ficciones crean, ficciones también. Pero, no crean solo otro objeto...-
Alfonso la observo detenida mente, era bastante notable que el nerviosismo se había ido para ser remplazado. Al fin de ese segundo, Ev abrió ligeramente la boca, salieron dos sonidos de tono grabes que podrían tomar cualquier significado:
-Un mundo.-
-¿Perdón..?- Pregunto Alfonso, al no comprender a que intentaba referir.
-Las llaves de ficciones, crean, mundos enteros. Nuestro... mi trabajo es proteger a quien porte una llave de ficciones-
-¿Crean un mundo? No puedo entenderlo...-
Ev giro la cabeza a sus pies. Miro sus manos percudidas por el tiempo y la vida dura. Miro la colcha marron que cubría su cuerpo. Sintió la tela entre los dedos. Retorno la vista a Alfonso.
-¿Alguna vez, te has despertado súbitamente en medio de la noche, para ver todo lo que te rodea?. Simplemente para asegurarte que las pesadillas no existían al regresar al “mundo real”, para ver que tú estas aquí, que tu existes...-
Se formo un silencio. El mundo se había paralizado. Alfonso no había esperado ese tipo de respuesta tan extraña y no podía formular alguna convincente tan pronto. Ev lo noto en la mueca de consideración, le era sumamente conocida los rasgos en la cara de las personas cuando pensaban. Continuo con un tono ligeramente más veloz.
-Las llaves crean mundos, como alguien escribe, una historia; las llaves dan vida a las historias, a los sueños...-
Un mecanismo de defensa extraño se acciono dentro de la mente de Alfonso al escuchar eso ultimo “...a los sueños” .
-No me vengas con esa jalada, no es posible...- Dijo Alfonso sin entender por que razón lo había dicho.
Ev se inclino adelante, con un gesto que denotaba su molestia por la cerrada respuesta. Cualquiera de los dos pudo haber dicho algo pero no se les dio la oportunidad. La puerta del cuarto se abrió, choco con un golpe seco contra la pared dejando caer un cuadro con el conjunto de Mandelbrot hecho con tonos entre verdes y azules. En el marco de la puerta aprecio un hombre alto y delgado, vistiendo un saco de color negro con algunas manchas ligeramente más oscuras y brillantes; con una camisa blanca que destacaba al igual que el pantalón gris arrugado. Con sus ojos como platos volteo a ver a Alfonso y lo señalo con el dedo.
-Alfonso- dijo con voz autoritaria. -Por venir aquí se acabo la gasolina de mi coche, a si que voy a ordeñar tu carro...- dijo en un tono alegre adorno de la sonrisa, pero por su mirada era evidente que hablaba con toda la seriedad del mundo.
El extraño volteo por la habitación, deslizando los ojos por los rincones familiares, posándolos en Ev; quien sentada en la cama solo contemplaba. Giro a donde Alfonso; lo recrimino con la mirada convertida en perforantes puñales.
-¡¿Por qué no me dijiste que ya despertó?!- Pregunto él molesto con la cara roja.
-Si no te dije fue por que pensé que ya te habías ido...- respondió Alfonso en tono conciliador al tiempo que se levanto de la silla. Miro al hombre, y anidio:
-Pao, te presento a Ev E. Kiesaaller...- mientras señalaba con la palma a la joven muchacha en la cama.
-¿Como que Pao?- contesto el hombre indignado.
Alfonso continuo sin hacer caso al comentario. Para el otro hombre venia su parte favorita; sumió la -poca- panza que tenia y elevo su -poco- pecho.
-Ev, te presento a Pao-
El otro hombre dejo su postura y con mueca de molestia, le golpeo con un muy buen zape, justo en la mitad de la testa a Alfonso.
-Disculpe a este cabezota hueca de mi amigo, no entiende que no soporto que me presente con el diminutivo. Olvidemos eso ¿Si?. Mi nombre señorita es Paolo Ruffini de Caio- dijo con un gesto galante acompañado de una sonrisa.
Alfonso solo se sobaba con la palma de la mano, puso los ojos en Ev, quien sin decir nada, miraba desde su cómodo lugar la escena que se desarrollaba frente a ella.
-Mucho gusto...- respondió tímidamente Ev.
-¡El gusto es mio señorita!- respondió Paolo alzando el brazo derecho junto a la voz, en un tono vivo y alegre. Anidio -A propósito, señorita, ¿Podría saber como fue que se lastimo?; aquí el loco de mi amigo insiste en que fue un cuervo gigante; No me explico como fue que salieron 15 puntadas... tal vez sea verdad, pero creo que es un cuervo mas mundano y menos de su sueño fantástico...- Paolo se inclino al frente y con la palma de la mano a un lado de su boca, en tono de secreto remato -...por un segundo creí que usted era parte de ese sueño fantástico- Terminando con un guiño.
-¡Pao!- respondió molesto Alfonso.
Paolo con una gran sonrisa se giro sobre su pierna izquierda rápidamente contra Alfonso. Se podía ver que era más alto por algunos centímetros.
-Vamos, supongo que tu novia...-
-¿Novia?- pregunto extrañada Ev.
-¡¡Que NO es mi novia!!-
Contesto sumamente molesto Alfonso, quien se sonrojo levemente, agitaba los brazos y lo negaba, como si se tratara de un niño pequeño.
-Bueno hombre, no se sulfure. En ese caso, su amiga debería saber que usted esta ligeramente loco, es mas, creo que es hora de tu medicina...-
-¿Loco?- pregunto con curiosidad Ev en un tono bajo.
-Bueno, supongo que no se lo has dicho, ¡Muy mal!...- dijo Paolo en un tono cómico y alegre señalándolo con el dedo.
-¿Decirme que?- pregunto Ev.
Paolo camino a la puerta, y giro bajo el dintel. Observo un instante a la joven Ev.
-Bien señorita, No quiero caldear los ánimos...- Dijo seriamente.
-¡Buenas noches!, ¡Nos vemos!, ¡Ciao!...- Anidio con una gran sonrisa dibujada en su rostro, al tiempo que se inclinaba con la cortesía de un caballero del siglo diecinueve.
Paolo dejo la chusca pose. Noto que la cara de Alfonso estaba roja de vergüenza. Alfonso bien sabia cuanto disfrutaba Paolo hacerlo enojar; en cierta forma por eso su mente había sobrevivido. La sonrisa de Paolo se torno mucho mas discreta.
-Alfonso, si me buscáis, estaré ordeñando el tanque de tu carro...-
Y tras decir eso, Paolo salio de la habitación, cerrando la puerta tras de si. El golpe fue tan fuerte que callo un retrato con la imagen de una serie de montañas de una cordillera que solo existe en sueños.
-Como odio cuando hace su imitación barata de caballero...- dijo Alfonso quien se disponía recoger los cuadros del suelo.
Recogio primero el cuadro con el conjunto de Mandelbrot. Susurro algo. Después la pintura de las cumbres nevadas. Con un gesto notablemente cansado los coloco en sus lugares. Miro a la extraña forma fractal del primer cuadro, pronto sus ojos fijaron la atención en el cuadro de las cordilleras para finalizar en el suelo frio y sin significado.
Regreso a la silla. Se dejo caer en ella, y dijo algo que se podía escuchar levemente. Elevo la mirada nuevamente, a Ev.
-Hay días en los que me pregunto por que chingados seguimos siendo amigos...- Le susurro un segundo.
-Es muy animado...- Dijo Ev con la voz baja.
-Eso fue leve. Si lo hubieras conocido hace como cinco años en la universidad...- exclamo Alfonso en una mezcla de nostalgia y acaso ¿felicidad?.
-Recuerdo que en esos días él cambiaba de novia como de calzones...- Dijo Alfonso intentando contener una carcajada.
La expresión en el rostro de Ev se torno mucho fría e inexpresiva. Eso le basto a Alfonso para entender que no era el momento de contar las anécdotas de ese tipo.
-Y entonces..¿De donde vienen estas llaves?- Le pregunto Alfonso con incredulidad.
-Hace doscientos años, Un hombre lla...- Ev dejo de hablar durante un insignificante instante. Prosiguió con la voz seria y apagada -...del que nadie recuerda su nombre, creo las llaves. Nadie sabe exactamente como lo logro, nadie entiende como fue posible, y verdaderamente... nadie sabe con que propósito las creo. Hay quien afirma, que las creo, para, poder convertirse en Dios... sus colegas sostenían, que, probablemente fue, una forma de desmostar de que era capaz; mas, sin embargo, quienes le conocieron, decían que creo las llaves, simplemente por qué no podía soportar el mundo... Cualquiera que sea el propósito con el que las creo, se le fue de las manos...-
-¿Como fue que perdió el control?- Fue lo único que pudo decir Alfonso, aun sin estar convencido de la historia.
-Un día, una de las tantas llaves que creo... existió...-
-!Sí claro¡- Exclamo en tono sarcástico Alfonso -¿Como es eso de existir?, eran sueños, o simplemente alucinaciones-
-¡Nada de eso!- Exclamo molesta Ev.
-¿Como es eso que existió...?-
-Una de las llaves que creo, comenzó a existir...-
-Olvidalo, mejor dime como es que estas llaves crean un mundo...- respondió Alfonso, era obvio que rechazaba todo lo que decía Ev.
-No sé, nadie sabe cuales son los medios, por los que una llave puede, crear mundos. Solo sabemos que comienzan cuando la llave se encuentra con, un sentimiento, tan intenso, pero con una particularidad... esos sentimientos, deben “querer” un nuevo mundo...-
Alfonso tomo el crucifijo en su mano lo apretó con fuerza, y para ponerla en ridículo dijo haciendo su voz mas grabe le contesto:
-¡Ho poderosa llave creadora de mundos, quiero que generes un mundo donde las montañas sean de azúcar morena pura, los lagos de miel de abejas borrachas, ¡ha! Y por supuesto, donde dos es igual a uno¡-
Arrojo el crucifijo en la cama violentamente, cayendo en la colcha marrón, justo al lado derecho de Ev.
-¿Ves?, no a pasado nada. ¡No hay ningún nuevo mundo...!-
-¡No es mentira ni para nada es gracioso!- exclamo Ev perdiendo el gesto serio. -!No mereces ser el guardián de esta llave¡-
-Tienes que demostrarlo, demuestrame que este crucifijo puede hacer lo que afirmas, que es lo que afirmas...- Respondió Alfonso
-¿Acaso no es suficiente prueba para tus ojos lo que has visto...?-
-No. Los ojos pueden mentir.-
-En ese caso, deja que te muestre...-
-Las imágenes, los sonidos, incluso los olores, ninguna de esas cosas es suficiente...-
Alfonso abrió la puerta del cuarto.
-¡Vistete pronto!, y ¡demuestrame que no mientes!- Exclamo decidido Alfonso
Ev le miro extrañada.

-¡Pezzo di merda! ¡Il serbatoio dell'auto è vuoto¡- Exclamo Paolo en italiano tras darse cuenta de que el tanque del automóvil de Alfonso estaba seco.
-Pao, Pao, ven rápido...- Escucho gritar detrás de él a Alfonso.
Se volteo como le era natural. Pudo ver a Alfonso viendo por la puerta entre cerrada de su casa.
-¡¿Pero qué quiere hombre?!, ¡además de tu carro no tiene ni la mas mínima puta gota!- Le grito molesto Paolo.
-Paolo, necesito que vengas conmigo.-
-Ahora que hombre...- Respondió Paolo mientras caminaba hacia Alfonso.
Justo cuando estuvo al alcance de Alfonso, este tiro de su traje negro. Paolo no intento hacer nada, no era la primera vez que Alfonso realizaba ese movimiento tan molesto y propio de su persona. Una vez a dentro, noto que Alfonso cerro la puerta como de costumbre.
-¿Puedes explicarme que paso?- pregunto Paolo.
-Es simple, necesito que me digas si algo “Existe...”-
-Otra vez tenemos ese problema, vez, esto pasa por que no tomas tu medicina como se debe hombre-
-Te lo mostrare...- Dijo Ev; se deducía que la voz era proveniente de las escaleras.
Los dos voltearon a verla. Vestía de una forma sumamente informal, con una camisa azul y un pantalón de Alfonso, los cuales le quedaba ligeramente grandes; pero hacían resaltar su cuerpo juvenil. La cara de Paolo parecía un poema. Alfonso no le presto importancia.
-Dio mio- mascullo Paolo un instante. Tomo a su amigo por los hombros.
-Al fin conseguiste una hombre, no la dejes ir como a esa doctora...- le dijo Paolo en los oídos a Alfonso con una sonrisa.
-Eso no me interesa ahora...- respondió Alfonso con semblante serio.
-¡Me la estas dejando libre!- Exclamo Paolo alegre.
-Alfonso...- Dijo Ev detrás.
Paolo se volteo con espanto.
-¿Donde esta mi espada?- pregunto Ev con voz tímida.
-Esta en el coche...- respondió Alfonso.
-La necesito, para demostrarlo-
-No entiendo como una espada te ayude a demostrar que lo que dices es verdad...- Dijo Alfonso y salio.
Paolo se quedo a solas con Ev. La cara de Paolo aun tenia la apariencia de un poema.
-¿Y desde cuando conoces a Alfonso?- pregunto Paolo.
-Desde ayer, cuando lo salve de un Depira...- respondió Ev.
Los ojos de Paolo Observaron a Ev como un ente extraño.
-¿Qué paso con mi ropa?- pregunto Ev.
-Esos trapos sucios, ¡Pues tuve que cortarlos para suturar...!- contesto Paolo con una sonrisa discreta.
-¿Y la parte de abajo...?- pregunto Ev sonrojándose y en un tono aparente de coraje.
-No, eso fue para revisar que todo estaba en orden...-
Contesto Paolo con una gran sonrisa al tiempo que hacia un ademán extraño con su mano. Miro la expresión de coraje en la cara de Ev. Estaban a punto de decirse otras tantas cosas.
La puerta se abrió de golpe. Alfonso cargaba con trabajos la espada, no por que fuera pesada, era para no cortarse con los filos. Paolo miro la espada. Era una espada montante, el gavilán con la curiosa y peculiar forma de estrella octagonal, tan amplía que podría proteger la mano de quien la esgrimiera. Con curiosidad toco la hoja y su dedo se deslizo accidentalmente el filo. Al sentir el corte su cara se puso pálida. Estaba sorprendió; era una espada autentica.
-¿Donde la tenias?- pregunto Ev.
-La puse en el maletero...- respondió Alfonso.
-Llego la hora...- dijo Ev mirando de forma amenazante a Paolo y en un tono ya grabado en la mente de Paolo.
Era el mismo tono que antecedía a una furiosa cachetada que dañaba su cara de actor, o una furiosa patada en su parte noble. Ahora escuchaba ese tono de voz tan siniestro al tiempo que Ev tomaba su espada. Paolo observo la como la levantaba con un poco de dolor sobre su cabeza. Recordó que siempre que intentaba correr de una chica enojada siempre lo alcanzaban, así que correr no era una opción; reacciono de pronto con lo único sensato que atravesó su mente. Arrodillándose y suplicar por su vida.
-¡Por favor! ¡No me mates!, ¡Cortar la parte de abajo de tu traje, fue todo fue idea de Alfonso...!- Grito Paolo con su cara como poema, señalando con el dedo índice de forma acusadora a Alfonso.
-¡Pero si eso fue idea tuya...!- Exclamo Alfonso.
-¡Pero quien no dejo que me detuviera...- respondió Paolo.
Mas sin embargo, Ev parecía no estar prestando atención a eso. La espada comenzó a descender y Paolo cerro los ojos. Dejo caer la espada con fuerza en el piso. Se escucho un “crack” proveniente de las baldosas de azulejo heridas por el hierro. Ev susurro algo que tanto Alfonso como Paolo no pudieron entender.
Dejo de apretar los dedos que apresaban la empuñadura de su espada para luego soltarla. La espada continuaba inmóvil, atrapada en las baldosas, sostenida por la física. La cuartedura del piso comenzó a crecer emanado de los filos blancos. Pero no había mas ese sonido de rompimiento, ni tampoco los fragmentos del azulejo saltando. Pronto la fisura se fue separando poco a poco, dejando ver un cielo estrellado donde no había constelaciones conocidas. Paolo se levanto del suelo y se puso de pie junto a Alfonso. Los dos miraban la grieta.
-Paolo, ¿Vez lo que yo veo...?- pregunto Alfonso con la voz temblando un poco.
-¿Sera acaso que se esta abriendo el cielo bajo nuestros pies hombre?, Para nada... ¡Por supuesto que lo veo¡- Respondió Paolo.
-Eso significa que al menos no es una alucinación de mis sentidos...- dijo en un tono intermedio entre el miedo y la alegría.
Ev los observo, prestando especial atención a las expresiones desencajadas del rostro de Paolo y Alfonso. Pero en Alfonso había algo, mucho muy diferente; en contraste con los ojos de Paolo, sus ojos miraban todo como si fuera un espectáculo de lo mas normal del mundo; No era muy extraño ese comportamiento en Alfonso, siempre con su subconsciente analizando la situación meticulosamente, hasta que esta se tornaba peligrosa para su persona.
-Alfonso Vasile, te demostrare el poder de las Llaves... Te mostrare “Las fronteras”- Fue lo único que dijo Ev.



martes, 8 de febrero de 2011

La llave dorada (parte dos)


Alfonso despertó en su cama. Estaba hecho la mar de sudor frío. Se levanto en un acto reflejo. Lo que sucedió la noche anterior era solo reflejos en los desperdigados e inconexos pedazos rotos de un espejo. Se llevo la palma de la mano a la frente, sintió el sudor de su frente. Bajo su mano por su cara, acariciando fuertemente los párpados. Su mano se alejo a las cobijas.
-"Fue solo un sueño, solo un sueño..."- lo dijo para convencerse de algo sin poseer la más mínima certeza de su validez.
Se levanto de la cama, estaba mareado. Un dolor en su cabeza semejante al sufrido en una resaca lo dominaba, pero no había el mas mínimo sabor de licor en sus labios. Camino el camino al baño en una extraña locomoción. No le importo en lo más mínimo.
Llego al baño, levanto la tapa del retrete adormilado y orino. Cuando hubo terminado, se acerco al lavabo, y miro su cara con las ojeras marcadas por anteriores noches en vela. Abrió la llave con un giro mecánico, y el chirrido molesto fue suplido por el del agua cayendo. Tomo entre sus manos un poco del agua. Estaba lo bastante fría. La arrojo contra su rostro. Un sonido ininteligible surgiendo de sus labios y el temblor que sacudido su cuerpo era la prueba de que ya estaba verdaderamente despierto. Cerro la llave en menos tiempo del que le tomo abrirla. Lanzo una rápida mirada al rededor de los objetos que estaban sobre el lavabo. Solo eran la pasta de dientes casi nueva, justo a su lado, un vaso de plástico amarillo que contenía un cepillo rojo de dientes y un rastrillo.
Tomo la pasta de dientes y comenzó a limpiarse. Recorrió con sus negras pupilas el reflejo de su cuerpo en el espejo al ritmo con el que movía el cepillo. Así que fue casual, accidental cuando lo vio. Era el crucifijo, el crucifijo del sueño de la noche anterior. Colgando de una forma en la que parecía gritar arrogante:
-"Fue real, es real"-.
Escupió la pasta, y soltó el cepillo lleno de espanto. Toco el crucifijo, y sintió sus bordes e irregularidades, la apretó, solo para saber que era real, no solo una jugarreta de su mente. Sintió como se hundía en su piel la forma inusual de la base, los delicados relieves de perfección inhumana. La impresión fue grande. Una figura de esos desperdigados fragmentos de la memoria era tangible.
Algunos de los fragmentos se unieron súbitamente, le llevaron la imagen del viejo estudio, destrozado. Corrió por un impulso sobre humano; quería tener otra prueba de que el sueño no era solo el descabellado intento del subconsciente por contar "algo"; quería ver si "existía". -Su mente evitaba el termino "real" ya que para él la cualidad de "real" no esta ligada a su posibilidad de que su imagen exista en la materia, solo basta que exista en la mente-. Llego a la puerta. Miro al interior del viejo estudio.
-No puede ser, fue un sueño, ¿De verdad fue un sueño?...-
Pero esas palabras no cambiarían de forma alguna el grito mudo de los destrozos; ¡Nada de eso había sido un sueño!.
-Pero, ¿Donde esta el hombre de la armadura?- Se pregunto Alfonso.
En ese instante una voz aguda provino detrás de él.
-Buenos días señor...- Era todo lo que dijo esa voz.
El tipo dio un grito estremecedor, es probable que cualquiera lo confundiera por su tono, con el de una niña. Salto al frente, y volteo a ver al ser que le dirigía la palabra. Era el tipo con armadura de ayer. Recordó un poco más.
-¿Le asuste?- Dijo el hombre dentro de la armadura con un tono burlón, muy sarcástico sin duda.
-¿Qué haces aquí...?- pregunto alarmado Alfonso señalándole con el dedo, mirando la casa y haciendo todo tipo de gestos con la otra mano.
-Vivo aquí...- Respondió secamente. -Tu me dejaste quedarme...-
Ese "quedarme", fue como una bomba. Ningún nuevo recuerdo de la noche anterior surgió. Solo la negación de... ¿Qué hay que negar?. Se llevo las manos a la cabeza, tapándose los oídos.
-Esto es un sueño, solo un sueño, solo un sueño...- se repetía Alfonso una y otra vez mientras caminaba alejándose del caballero.
-La realidad es en si misma un sueño- respondió el hombre de la armadura.
El hombre reacciono, se dio media vuelta dejando
-Pero, ¿es imposible?...¿Qué paso anoche?- Pregunto Alfonso desesperado, dejándose caer en el suelo.
El otro hombre, camino tranquilamente hacia él, se detuvo a unos pasos. Lo contemplo a travéz de la rendija de su casco, tal vez sentía lastima, o otra cosa.
-Que apareció un Depira, que yo mate...- dijo a secas.
-¡Eso fue una alucinación, y tu también, tu no existes aquí seguramente!- grito.
Estaba a punto de responder quien quiera que fuera tras la armadura. Mas sin embargo, se vio interrumpido por el sonido de las fuertes campanadas, tan fuertes que parecía cubrirlo todo.
Alfonso miro el reloj que se erguía orgulloso con todo su antiguo mecanismo, justo al fondo del pasillo pareciendo mas pequeño de lo que era. Las manecillas marcaban la hora; las 12 en punto. Los ojos dieron la impresión de que dejaron sus orbitas. Corrió a la puerta ignorando al hombre de la armadura como si este no estuviera junto a él.
Corrió, al cuarto; cuando llego, se desvistió, y entro al baño, abrió la regadera. Sintió el agua fría chocando contra su piel desnuda. Lanzo un ligero grito aguantando no salir. Tomo el jabón y el estropajo. Miro al rededor mientras se enjabonaba; y vio al hombre de la armadura asomado desde la puerta del baño.
-!!¿¿Qué pasa por tu cabeza??!!- grito Alfonso al tiempo que le arrojaba el jabón, se cubría de espalda, y continuaba bañándose.
-¡Como si las alucinaciones te dejasen con hacer eso!- exclamo.
Era obvio a estas alturas que no le importaba en lo más mínimo lo que había pasado anoche. La destrucción, y que un hombre con una armadura medieval le esperaba afuera; eran una alucinación más. Cerro la regadera rápidamente. Aun mojado salio, encontró al hombre de la armadura, no le presto atención; ¿Quien guarda su pudor frente a los productos de su mente?.
Tomo una toalla de las que se encontraban sobre su cama, se seco rápidamente con ella, saco del armario un par de pantalones, una camisa blanca, se vistió de la forma mas formal que se puede en un momento como ese. Salio bajando por las escaleras, casi matándose en ellas.
Se dirigió a la cocina, tomo del cartón de leche un gran sorbo, al tiempo que sumergió su mano en la caja del cereal. Dejo el cartón de leche, se llevo a la boca el poco cereal. Salio corriendo. Llego a la calle, tenia mil cosas en la cabeza; o al menos, eso podía deducirse por la letanía que mascullaba:
-No es posible, no es posible, es solo eso, una alucinación terrible, estoy loco, loco al fin, ¡¡¡LLEGARE TARDEEEE!!!-
Llego al coche negro, intento sacar las llaves de su bolsillo, no había nada.
-Mierda- se dijo.
Dio media vuelta y corriendo como alma que se lleva el diablo entro, subió las escaleras. Ahí, las vio, junto con el sujeto de la armadura quien estaba sentado en la cama. Pensando que todo era una elaborada alucinación, no importaba ahora, tomo las llaves y salio corriendo.
El hombre de la armadura solo se había quedado a contemplar toda la escena. La casa quedo sola, vacía. El hombre en su armadura bajo por las escaleras calmadamente. Encontró la puerta aun abierta. Tomo el pomo y cerro la puerta.
-En verdad este tipo esta mal de la cabeza...- se dijo para si. -¿Que seria más importante que averiguar que paso?-

-Noooo- grito Alfonso afuera de un gran edificio de antigua fachada.
Las puertas estaban cerradas y definitivamente no se abrirían por mas que suplicara.
-Mierda, es la quinta entrevista de trabajo a la que llego tarde...- se dijo con la voz baja y desprovista de emociones.
El hombre dio media vuelta, miro la calle donde todos paseaban. Lanzo un suspiro, y retomo cansado el camino. Alzo la mirada a todos, encerrados en sus pensamientos, encerrados en su pequeño mundo; miro al viejo vendedor de globos y la niña a la que daba uno de sus globos; miro a una joven pareja tomada de las manos; miro una vieja señora caminar como si el tiempo no existiera; todo bajo el sonido de la musica del organillero.
Regreso la mirada al suelo, contemplando sus pies, camino un momento. la musica se detuvo de repente, justo en medio de la melodía. Lanzo una mirada a ver al organillero, estaba inmóvil. Volteo a verlos a todos. La niña que había visto con el vendedor de globos, ahora extendía su mano intentando tomar un algo que ya no estaba, el vendedor de globos sostenía su mercancía de pie; los dos enamorados estaban a punto de dar un paso, la anciana también. Estaban inmóviles como estatuas.
Se acerco al organillero, paso su mano frente a sus ojos abiertos, no parpadeaba.
-¿Qué demonios...?-
-Rhu rhu rhu rhu, ¡Que tenemos por aquí!- dijo una voz en un tono extraño interrumpiéndolo.
No pertenecía a nadie de esa calle. Venia desde lo alto de un edificio. El hombre volteo buscando a alguien en un balcón, pero estaban desiertos. Miro por toda la calle buscando a alguien que no estuviera paralizado; pero todos -excepto él- continuaban detenidos.
Noto un movimiento que llamo su atención, en las sombras de los edificios que que caían del cielo a la calle como una manta. Una forma que pasaba desapercibida, inusual, que se fundía discretamente con la de los edificios, una sombra similar a la de un cuervo enorme de perfil. La sombra se movió ligeramente.
-O, ese es el miserable mortal que tiene la llave...- dijo nuevamente esa voz.
Miro a la silueta contra el sol. No había duda de que de ella venia la voz. El hombre recordó al demonio de la ocasión anterior, recordó que a lo que se refería como llave era en realidad el crucifico, Movió su mano al pecho, y un temor atroz lo inundo al sentir ese bulto rígido atravez de la tela, hundiéndose en su piel. Tenia el crucifijo en su cuello, colgado como un grillete que lo encadenaba a esa situación irreal.
De esa forma animal se extendieron tres antinaturales pares de alas. Tres alas a su izquierda, y tres alas a su derecha. Voló por la calle describiendo un estrecho circulo donde el era el centro. El corazón de Alfonso latía con fuerza, estaba paralizado. La ave infernal se poso frente a él. Era en verdad extraña. Mucho muy extraña.
Sus plumas no tenían orden. Estaban descuidadas, y arrugadas. El pico era bastante muy largo y grueso, con una apariencia metálica, que con sus color amarillo le hacia lucir como su de oro se tratase.
En lugar de ojos, solo existían dos grandes huecos ensangrentados. De ellos, salieron para suplir los globos oculares, partículas blancas e inmundas que se retorcían y pululaban. Era tanto su frenesí, que una de ellas callo al suelo, moviéndose. Era una larva de mosca. Miro a ¿los ojos?. Esa criatura, lo contemplaba.
El ave abrió su pico dorado y en el interior, una masa gelatinosa palpitaba con fuerza, tanta que se escurría por las comisuras delicadas de su pico; agito su cabeza el ave infernal de un lado a otro con un movimiento muy rápido. Un poco de la sustancia de su boca callo en el hombro derecho de Alfonso.
A Alfonso, un impulso eléctrico, violento, lo recorrió desde arriba hasta abajo. Se llevo por reflejo la mano izquierda al hombro. Sintió el calor en las delicadas yemas de sus dedos apenas lo toco. Las retiro, para después verlas, se habían quemado. El dolor de su hombro se calmo pero seguía ahí.
-Rhu rhu rhu rhu, ¿Te duele?- pregunto una voz sarcástica, que con crueldad disfrutaba cada palabra.
-Esto es una alucinación...- mascullo Alfonso por un momento.
Comenzó a correr por la calle, al tiempo que se repetía “Esto es una ilución”; Buscaba huir de esa pesadilla probable producto de su mente. Corrió un par de metros, El ave se elevo, paso por sobre Alfonso, y le corto el paso.
El ave pico fuertemente al hombro herido. El dolor que Alfonso experimento era inmenzo, en los limites de lo insoportable; No pudo gritar, pero era tan fuerte que lo obligo a doblarse sobre sur rodillas. Alzo la mirada solo para ver el pico y como colgaba de este un pedazo de carne mientras su sangre escapaba de sus venas manchando su traje.
El cuervo infernal elevo la cabeza. Arrojo el pedazo de carne al cielo. Abrió su pico lo más que pudo. Del interior, surgieron de forma monstruosa, un par de manos blancas, delicadas y suaves que sujetaron el pedazo de carne. Cerro su pico, desapareciendo en el interior las dos manos.
En su estomago una abertura comenzó a abrirse, era roja, brillante. La abertura se abrió completamente; de ella surgió una lengua que se lamia desde una comisura a otra.
-Rhu rhu rhu, Dame la llave, o yo, te comeré parte por parte...- dijo la voz.
No había equivoco, la voz venia del interior del cuervo, surgiendo en la abertura del estomago.
-Para que quieres esa cosa...- grito Alfonso sin entender que pasaba.
El ave le salto encima. Con su garras afiladas le sujeto lo dejo sobre el suelo. Se encontraba indefenso. acerco la boca de su estomago a su cara. La abrió y un olor fétido, a descomposición salia. Era el hedor de la muerte.
-Rhu rhu rhu... No estas en posición de preguntar, tu solo debes obedecer y copear...o si no...-
Movió su pico, brillante y afilado cerca del hombre. Lo abrió, pronto esas manos blancas, delicadas, surgieron. Las manos acariciaron su rostro suavemente.
-Me gusto tu sabor...-
-Aeda Beeyron- dijo una voz desde lo alto.
No podía ver de que se trataba ya que el ave lo cubría. La criatura retiro su pico. El ave volteo a ver quien le hablaba.
-Rhur, rhu, rhu, Mira, mira, mira mira, a ¿Quién tenemos aquí?. Sabes, no es necesario tanto formalismo, puedes llamarme solo Aeda- respondió la voz burlona.
-No crees que ese es un bocadillo pequeño para ti...- dijo la voz.
Un sonido pesado, metálico se dejo escuchar retumbando por la calle, cada vez mucho más cerca de ellos.
-Sí, en efecto, es un pequeño bocado, lo es. Mas quien va dentro de esa armadura tiene un mejor sabor...- dijo Aeda.
Alfonso vio como el pico del ave se habría de repente y se cerraba en un instante atrapando una espada. Extendió sus alas. Un sonido hueco y metálico se pudo escuchar. El hombre comenzó a patalear intentando liberarse. Aeda soltó la espada, dejándola caer desde su pico a lado del hombre.
-Te has superado esta vez a ti misma- Alfonso pudo reconocer la voz, era la del hombre dentro la armadura.
Se escucharon un par de disparos. Todos los impactos fueron contra la pata de la criatura que lo sujetaba. Se escucho el sonido de los disparos junto con el de los huesos rompiéndose. La pierna de la criatura cedió por completo, liberando un torrente de sangre negra. Un fuerte alarido salio al unisono de las dos bocas. Pronto Alfonso se sintió bañado tanto por el infernal aliento a descomposición de esa criatura, como por su inmunda sangre. El único alivio fue que la fuerza de la garra se había ido levemente.
Aeda se elevo del suelo dejando caer los borbotones de sangre. Alfonso aprovecho para liberarse. El hombre de la armadura llego junto a él.
-Señor, se encuentra bien, disculpe mi tardanza...- dijo alguien desde dentro de la armadura.
Alfonso no entendió nada, solo sabia que estaba vivo.
-Gracias...- fue lo único que atendió a decir, pero pronto anidio -Esta es la peor de mis alucinaciones...-
-Esto es real...- Dijo el de la armadura resignado, al tiempo que tomaba su espada.
-Rhu rhu rhu...- grito desde lo alto observando a la armadura y a Alfonso.
Había dejado de sangrar. Se elevo unos metros más y callo en picada. El hombre dentro de la armadura empujo a Alfonso, pero no le dio oportunidad de esquivar el pico dorado; este le golpeo le de lleno en un hombro. El pico pudo perforar la armadura. Grito con fuerza quien quiera que fuera el portador de la armadura. Pero antes de que pudiera reaccionar, Aeda se coloco justo a su lado, apollandose sobre la pierna que un le quedaba, y extendió sus alas arrojándolo contra un muro.
-¡Con eso tendrás no suficiente Kiesaaler!- exclamo Aeda, y elevo ligeramente el vuelo.
Callo frente a Kiesaaller aprisionandole con la garra que aun le quedaba. Comenzo a golpear con su pico la visera de la armadura.
-Rhu, nunca te perdonare por Aloolen – gritaba Aeda
Los gritos de Kiesaaller paralizaron a Alfonso. No podía soportar lo que pasaba, miro a su alrededor, miro a la sangre que manchaba la calle, la pierna cerseanada a disparos y la espada. Una idea paso por su mente.
-¡¡¡Detente!!!- grito con todas sus fuerzas.
Aeda volteo sin dejar de sujetar a Kiesaaller. A sus espaldas estaba un Alfonso de pie, con una mancha oscura en el hombro derecho por la sangre. Extendia su mano izquierda sosteniendo algo en una delicada cadena dorada. El ave miro cuidadosamente que era lo que le ofrecía. Era la llave, el crucifijo.
-Deja al caballero, a cambio te doy la llave.- dijo
Aeda miro a Kiesaaller. La visera de la armadura estaba casi rota, y se podía ver la sangre en ella. Aun se podía escuchar una débil respiración detrás del hierro; pero el daño a sido demasiado, Noto que ya no luchaba para zafarse de su garra. Se dio cuenta de que estaba inconsciente, y no representaría ningún problema.
-¡¿Qué no me escuchaste?!- grito un enfurecido Alfonso.
Aeda solto su garra de Kiesaaller. Se elevo un segundo, un segundo que se extendió para Alfonso unos aparentes diez minutos. Aeda planeo elegantemente desde Kiesaalller hasta estar frente a Alfonso.
Alfono intento gritar, correr, se contuvo. Su cuerpo temblaba de miedo; tenia que aguantar un poco, esperar el momento oportuno para poner en marcha su plan. Toda la decisión que se había manifestado ahora lo dejaba frente a Aeda. Su mano tambaleaba un poco, le pareció que el crucifijo pesaba de repente mas.
El brillante pico se abrió lentamente, un poco de la sustancia de su interior callo a los pies de Alfonso. El par de manos surgió, se apoyaron en las comisuras de la boca y comenzaron a empujar algo, como si intentara salir. Justo en la boca de la criatura, aparecía desde el interior el rostro de una mujer.
-Rhu, rhu, rhu, Eres un buen chico...- dijo mientras extendía sus manos para tomar la cadena del crucifico.
Alfonso estaba hipnotizado por la belleza de la mujer. Su piel era blanca en extremo, contrastando con lo que la rodeaba y el maquillaje negro de sus párpados superiores. Sus labios eran rojos y carnosos destacando. Pronto miro de nuevo alrededor y recordó que susedia.
Alejo su mano y se tumbo al suelo, sintió el ardor atroz en su espalda por la sustancia que había escurrido del pico. Tomo el mango de la espada, era pesada, más de lo que se hubiera imaginado. Aeda extendió sus alas. Comprendió que se había dejado engañar; pero era ya tarde.
Saco fuerzas de la nada,pero pudo sostener la espada un instante, la elevo clavándola justo en el sitio donde había estado la boca. Un alarido de dolor se escucho. El ave solo pudo elevarse un metro para caer solo unos pasos adelante de donde se encontraba.
Alfonso se levanto, dejando la espada que sostenía en el suelo, ya que ahora le parecía mucho mas pesada. Le sorprendió el hecho de que la aparente frágil cadena del crucifico no se rompiera. Miro la llema de sus dedos, estaban bien, como si nunca se hubieran quemado. Avanzo hacia el caballero Kiesaaller.
Noto como el metal de la armadura se había roto donde el pico de Aeda golpeo; dejando ver una herida bastante profunda en el hombro, pero había dejado de sangrar. Miro a las viseras. Estaban algunas rotas y ensangrentadas, pero la mayoría seguían bien.
-¿Qué hago?,¿Qué hago?, ¿Qué hago?- se preguntaba Alfonso. Mirando la lastimera condición de Kiesaaller.
-Si es una alucinación podría dejarlo aquí. Pero...- Se detuvo al ver la pared.
Noto el golpe en el antiguo muro, lo toco para ver que era real. Sinto la delicada grieta dejada por la armadura tras el impacto. Miro a Kiesaaller en el suelo.
Se escucho un paso, la gente regresaba a su movimiento normal. Miro a donde había caído Aeda, pero solo había un mancha de sangre; se había ido. No le quedaba mucho tiempo.

Despertó súbitamente. Sintió el dolor en su hombro derecho. Se dio cuenta de que no llevaba su armadura. Se levanto con algo de dolor. Vio la charola con agua, trapos con sangre. Noto los vendajes que cubrían su cuerpo.
-Veo que ya despertaste...- dijo Alfonso. -La armadura quedo realmente dañada, perdiste algo de sangre, las heridas fueron superficiales, pero los golpes fueron bastante fuertes, me alegro que estés bien.-
Tomo una de las sillas que estaban cerca de el y se sentó en ella.
-Ahora responde, ¿Quién eres tu? y ¿Qué es la llave?- pregunto con la voz un poco temblorosa y sin dejar de observarla.
-Lo dije la noche anterior...- Respondió ella.
-Como te dije hoy en la mañana, no recuerdo casi nada de esa noche, no recuerdo nada justo después de que te dije mi nombre.-
-Me alegro de que te dieras cuenta de que no era una ilusión...-
-No, solo me di cuenta de que no eres una alucinación, que seas una ilusión es otra cosa...- Respondió temblando ligeramente su voz.
Ella solo dejo que en su faz se dibujara una ligera sonrisa, que solo existió un momento, antes de dar paso a una mirada seria.
-Mi nombre, Ev E. Kiesaaller. - Dijo con calma mirando a las cobijas. -Y la llave, es solo un eufemismo...- se detuvo un momento, miro a Alfonso. -Para llamar a las “Ficciones”-