martes, 15 de febrero de 2011

La llave dorada (parte tres)


-¿Ficciones?- pregunto extrañado Alfonso.
-No lo digas tan fuerte...- respondió ella, se podía notar que se encontraba algo nerviosa -Las ficciones, las llaves...-
Alfonso la observo atentamente. Ella parecía por su parte mantener una conversación con su yo interno; estaba perdida en un soliloquio mudo, buscando las palabras adecuadas, o, probablemente una forma menos dura de decirlo, o, solamente le costaba sumo trabajo explicarlo.
-Una ficción tiene el poder de crear otra ficción...- Dijo Ev al fin.
-¿Perdón?- Pregunto Alfonso sin entender aquella extraña locución.
-Las llaves... no... las llaves de ficciones, si, creo que es un nombre mas apropiado, pero se suelen llamar simplemente por llaves, o, ficciones, o herejías...- respondió con un tono de voz nervioso.
-Aun no respondes a la pregunta de ¿Por qué la buscan...?-
-Aun no termino- respondió ella con el tono de voz calmado. -Las ficciones, crean otras ficciones. Las llaves de ficciones crean, ficciones también. Pero, no crean solo otro objeto...-
Alfonso la observo detenida mente, era bastante notable que el nerviosismo se había ido para ser remplazado. Al fin de ese segundo, Ev abrió ligeramente la boca, salieron dos sonidos de tono grabes que podrían tomar cualquier significado:
-Un mundo.-
-¿Perdón..?- Pregunto Alfonso, al no comprender a que intentaba referir.
-Las llaves de ficciones, crean, mundos enteros. Nuestro... mi trabajo es proteger a quien porte una llave de ficciones-
-¿Crean un mundo? No puedo entenderlo...-
Ev giro la cabeza a sus pies. Miro sus manos percudidas por el tiempo y la vida dura. Miro la colcha marron que cubría su cuerpo. Sintió la tela entre los dedos. Retorno la vista a Alfonso.
-¿Alguna vez, te has despertado súbitamente en medio de la noche, para ver todo lo que te rodea?. Simplemente para asegurarte que las pesadillas no existían al regresar al “mundo real”, para ver que tú estas aquí, que tu existes...-
Se formo un silencio. El mundo se había paralizado. Alfonso no había esperado ese tipo de respuesta tan extraña y no podía formular alguna convincente tan pronto. Ev lo noto en la mueca de consideración, le era sumamente conocida los rasgos en la cara de las personas cuando pensaban. Continuo con un tono ligeramente más veloz.
-Las llaves crean mundos, como alguien escribe, una historia; las llaves dan vida a las historias, a los sueños...-
Un mecanismo de defensa extraño se acciono dentro de la mente de Alfonso al escuchar eso ultimo “...a los sueños” .
-No me vengas con esa jalada, no es posible...- Dijo Alfonso sin entender por que razón lo había dicho.
Ev se inclino adelante, con un gesto que denotaba su molestia por la cerrada respuesta. Cualquiera de los dos pudo haber dicho algo pero no se les dio la oportunidad. La puerta del cuarto se abrió, choco con un golpe seco contra la pared dejando caer un cuadro con el conjunto de Mandelbrot hecho con tonos entre verdes y azules. En el marco de la puerta aprecio un hombre alto y delgado, vistiendo un saco de color negro con algunas manchas ligeramente más oscuras y brillantes; con una camisa blanca que destacaba al igual que el pantalón gris arrugado. Con sus ojos como platos volteo a ver a Alfonso y lo señalo con el dedo.
-Alfonso- dijo con voz autoritaria. -Por venir aquí se acabo la gasolina de mi coche, a si que voy a ordeñar tu carro...- dijo en un tono alegre adorno de la sonrisa, pero por su mirada era evidente que hablaba con toda la seriedad del mundo.
El extraño volteo por la habitación, deslizando los ojos por los rincones familiares, posándolos en Ev; quien sentada en la cama solo contemplaba. Giro a donde Alfonso; lo recrimino con la mirada convertida en perforantes puñales.
-¡¿Por qué no me dijiste que ya despertó?!- Pregunto él molesto con la cara roja.
-Si no te dije fue por que pensé que ya te habías ido...- respondió Alfonso en tono conciliador al tiempo que se levanto de la silla. Miro al hombre, y anidio:
-Pao, te presento a Ev E. Kiesaaller...- mientras señalaba con la palma a la joven muchacha en la cama.
-¿Como que Pao?- contesto el hombre indignado.
Alfonso continuo sin hacer caso al comentario. Para el otro hombre venia su parte favorita; sumió la -poca- panza que tenia y elevo su -poco- pecho.
-Ev, te presento a Pao-
El otro hombre dejo su postura y con mueca de molestia, le golpeo con un muy buen zape, justo en la mitad de la testa a Alfonso.
-Disculpe a este cabezota hueca de mi amigo, no entiende que no soporto que me presente con el diminutivo. Olvidemos eso ¿Si?. Mi nombre señorita es Paolo Ruffini de Caio- dijo con un gesto galante acompañado de una sonrisa.
Alfonso solo se sobaba con la palma de la mano, puso los ojos en Ev, quien sin decir nada, miraba desde su cómodo lugar la escena que se desarrollaba frente a ella.
-Mucho gusto...- respondió tímidamente Ev.
-¡El gusto es mio señorita!- respondió Paolo alzando el brazo derecho junto a la voz, en un tono vivo y alegre. Anidio -A propósito, señorita, ¿Podría saber como fue que se lastimo?; aquí el loco de mi amigo insiste en que fue un cuervo gigante; No me explico como fue que salieron 15 puntadas... tal vez sea verdad, pero creo que es un cuervo mas mundano y menos de su sueño fantástico...- Paolo se inclino al frente y con la palma de la mano a un lado de su boca, en tono de secreto remato -...por un segundo creí que usted era parte de ese sueño fantástico- Terminando con un guiño.
-¡Pao!- respondió molesto Alfonso.
Paolo con una gran sonrisa se giro sobre su pierna izquierda rápidamente contra Alfonso. Se podía ver que era más alto por algunos centímetros.
-Vamos, supongo que tu novia...-
-¿Novia?- pregunto extrañada Ev.
-¡¡Que NO es mi novia!!-
Contesto sumamente molesto Alfonso, quien se sonrojo levemente, agitaba los brazos y lo negaba, como si se tratara de un niño pequeño.
-Bueno hombre, no se sulfure. En ese caso, su amiga debería saber que usted esta ligeramente loco, es mas, creo que es hora de tu medicina...-
-¿Loco?- pregunto con curiosidad Ev en un tono bajo.
-Bueno, supongo que no se lo has dicho, ¡Muy mal!...- dijo Paolo en un tono cómico y alegre señalándolo con el dedo.
-¿Decirme que?- pregunto Ev.
Paolo camino a la puerta, y giro bajo el dintel. Observo un instante a la joven Ev.
-Bien señorita, No quiero caldear los ánimos...- Dijo seriamente.
-¡Buenas noches!, ¡Nos vemos!, ¡Ciao!...- Anidio con una gran sonrisa dibujada en su rostro, al tiempo que se inclinaba con la cortesía de un caballero del siglo diecinueve.
Paolo dejo la chusca pose. Noto que la cara de Alfonso estaba roja de vergüenza. Alfonso bien sabia cuanto disfrutaba Paolo hacerlo enojar; en cierta forma por eso su mente había sobrevivido. La sonrisa de Paolo se torno mucho mas discreta.
-Alfonso, si me buscáis, estaré ordeñando el tanque de tu carro...-
Y tras decir eso, Paolo salio de la habitación, cerrando la puerta tras de si. El golpe fue tan fuerte que callo un retrato con la imagen de una serie de montañas de una cordillera que solo existe en sueños.
-Como odio cuando hace su imitación barata de caballero...- dijo Alfonso quien se disponía recoger los cuadros del suelo.
Recogio primero el cuadro con el conjunto de Mandelbrot. Susurro algo. Después la pintura de las cumbres nevadas. Con un gesto notablemente cansado los coloco en sus lugares. Miro a la extraña forma fractal del primer cuadro, pronto sus ojos fijaron la atención en el cuadro de las cordilleras para finalizar en el suelo frio y sin significado.
Regreso a la silla. Se dejo caer en ella, y dijo algo que se podía escuchar levemente. Elevo la mirada nuevamente, a Ev.
-Hay días en los que me pregunto por que chingados seguimos siendo amigos...- Le susurro un segundo.
-Es muy animado...- Dijo Ev con la voz baja.
-Eso fue leve. Si lo hubieras conocido hace como cinco años en la universidad...- exclamo Alfonso en una mezcla de nostalgia y acaso ¿felicidad?.
-Recuerdo que en esos días él cambiaba de novia como de calzones...- Dijo Alfonso intentando contener una carcajada.
La expresión en el rostro de Ev se torno mucho fría e inexpresiva. Eso le basto a Alfonso para entender que no era el momento de contar las anécdotas de ese tipo.
-Y entonces..¿De donde vienen estas llaves?- Le pregunto Alfonso con incredulidad.
-Hace doscientos años, Un hombre lla...- Ev dejo de hablar durante un insignificante instante. Prosiguió con la voz seria y apagada -...del que nadie recuerda su nombre, creo las llaves. Nadie sabe exactamente como lo logro, nadie entiende como fue posible, y verdaderamente... nadie sabe con que propósito las creo. Hay quien afirma, que las creo, para, poder convertirse en Dios... sus colegas sostenían, que, probablemente fue, una forma de desmostar de que era capaz; mas, sin embargo, quienes le conocieron, decían que creo las llaves, simplemente por qué no podía soportar el mundo... Cualquiera que sea el propósito con el que las creo, se le fue de las manos...-
-¿Como fue que perdió el control?- Fue lo único que pudo decir Alfonso, aun sin estar convencido de la historia.
-Un día, una de las tantas llaves que creo... existió...-
-!Sí claro¡- Exclamo en tono sarcástico Alfonso -¿Como es eso de existir?, eran sueños, o simplemente alucinaciones-
-¡Nada de eso!- Exclamo molesta Ev.
-¿Como es eso que existió...?-
-Una de las llaves que creo, comenzó a existir...-
-Olvidalo, mejor dime como es que estas llaves crean un mundo...- respondió Alfonso, era obvio que rechazaba todo lo que decía Ev.
-No sé, nadie sabe cuales son los medios, por los que una llave puede, crear mundos. Solo sabemos que comienzan cuando la llave se encuentra con, un sentimiento, tan intenso, pero con una particularidad... esos sentimientos, deben “querer” un nuevo mundo...-
Alfonso tomo el crucifijo en su mano lo apretó con fuerza, y para ponerla en ridículo dijo haciendo su voz mas grabe le contesto:
-¡Ho poderosa llave creadora de mundos, quiero que generes un mundo donde las montañas sean de azúcar morena pura, los lagos de miel de abejas borrachas, ¡ha! Y por supuesto, donde dos es igual a uno¡-
Arrojo el crucifijo en la cama violentamente, cayendo en la colcha marrón, justo al lado derecho de Ev.
-¿Ves?, no a pasado nada. ¡No hay ningún nuevo mundo...!-
-¡No es mentira ni para nada es gracioso!- exclamo Ev perdiendo el gesto serio. -!No mereces ser el guardián de esta llave¡-
-Tienes que demostrarlo, demuestrame que este crucifijo puede hacer lo que afirmas, que es lo que afirmas...- Respondió Alfonso
-¿Acaso no es suficiente prueba para tus ojos lo que has visto...?-
-No. Los ojos pueden mentir.-
-En ese caso, deja que te muestre...-
-Las imágenes, los sonidos, incluso los olores, ninguna de esas cosas es suficiente...-
Alfonso abrió la puerta del cuarto.
-¡Vistete pronto!, y ¡demuestrame que no mientes!- Exclamo decidido Alfonso
Ev le miro extrañada.

-¡Pezzo di merda! ¡Il serbatoio dell'auto è vuoto¡- Exclamo Paolo en italiano tras darse cuenta de que el tanque del automóvil de Alfonso estaba seco.
-Pao, Pao, ven rápido...- Escucho gritar detrás de él a Alfonso.
Se volteo como le era natural. Pudo ver a Alfonso viendo por la puerta entre cerrada de su casa.
-¡¿Pero qué quiere hombre?!, ¡además de tu carro no tiene ni la mas mínima puta gota!- Le grito molesto Paolo.
-Paolo, necesito que vengas conmigo.-
-Ahora que hombre...- Respondió Paolo mientras caminaba hacia Alfonso.
Justo cuando estuvo al alcance de Alfonso, este tiro de su traje negro. Paolo no intento hacer nada, no era la primera vez que Alfonso realizaba ese movimiento tan molesto y propio de su persona. Una vez a dentro, noto que Alfonso cerro la puerta como de costumbre.
-¿Puedes explicarme que paso?- pregunto Paolo.
-Es simple, necesito que me digas si algo “Existe...”-
-Otra vez tenemos ese problema, vez, esto pasa por que no tomas tu medicina como se debe hombre-
-Te lo mostrare...- Dijo Ev; se deducía que la voz era proveniente de las escaleras.
Los dos voltearon a verla. Vestía de una forma sumamente informal, con una camisa azul y un pantalón de Alfonso, los cuales le quedaba ligeramente grandes; pero hacían resaltar su cuerpo juvenil. La cara de Paolo parecía un poema. Alfonso no le presto importancia.
-Dio mio- mascullo Paolo un instante. Tomo a su amigo por los hombros.
-Al fin conseguiste una hombre, no la dejes ir como a esa doctora...- le dijo Paolo en los oídos a Alfonso con una sonrisa.
-Eso no me interesa ahora...- respondió Alfonso con semblante serio.
-¡Me la estas dejando libre!- Exclamo Paolo alegre.
-Alfonso...- Dijo Ev detrás.
Paolo se volteo con espanto.
-¿Donde esta mi espada?- pregunto Ev con voz tímida.
-Esta en el coche...- respondió Alfonso.
-La necesito, para demostrarlo-
-No entiendo como una espada te ayude a demostrar que lo que dices es verdad...- Dijo Alfonso y salio.
Paolo se quedo a solas con Ev. La cara de Paolo aun tenia la apariencia de un poema.
-¿Y desde cuando conoces a Alfonso?- pregunto Paolo.
-Desde ayer, cuando lo salve de un Depira...- respondió Ev.
Los ojos de Paolo Observaron a Ev como un ente extraño.
-¿Qué paso con mi ropa?- pregunto Ev.
-Esos trapos sucios, ¡Pues tuve que cortarlos para suturar...!- contesto Paolo con una sonrisa discreta.
-¿Y la parte de abajo...?- pregunto Ev sonrojándose y en un tono aparente de coraje.
-No, eso fue para revisar que todo estaba en orden...-
Contesto Paolo con una gran sonrisa al tiempo que hacia un ademán extraño con su mano. Miro la expresión de coraje en la cara de Ev. Estaban a punto de decirse otras tantas cosas.
La puerta se abrió de golpe. Alfonso cargaba con trabajos la espada, no por que fuera pesada, era para no cortarse con los filos. Paolo miro la espada. Era una espada montante, el gavilán con la curiosa y peculiar forma de estrella octagonal, tan amplía que podría proteger la mano de quien la esgrimiera. Con curiosidad toco la hoja y su dedo se deslizo accidentalmente el filo. Al sentir el corte su cara se puso pálida. Estaba sorprendió; era una espada autentica.
-¿Donde la tenias?- pregunto Ev.
-La puse en el maletero...- respondió Alfonso.
-Llego la hora...- dijo Ev mirando de forma amenazante a Paolo y en un tono ya grabado en la mente de Paolo.
Era el mismo tono que antecedía a una furiosa cachetada que dañaba su cara de actor, o una furiosa patada en su parte noble. Ahora escuchaba ese tono de voz tan siniestro al tiempo que Ev tomaba su espada. Paolo observo la como la levantaba con un poco de dolor sobre su cabeza. Recordó que siempre que intentaba correr de una chica enojada siempre lo alcanzaban, así que correr no era una opción; reacciono de pronto con lo único sensato que atravesó su mente. Arrodillándose y suplicar por su vida.
-¡Por favor! ¡No me mates!, ¡Cortar la parte de abajo de tu traje, fue todo fue idea de Alfonso...!- Grito Paolo con su cara como poema, señalando con el dedo índice de forma acusadora a Alfonso.
-¡Pero si eso fue idea tuya...!- Exclamo Alfonso.
-¡Pero quien no dejo que me detuviera...- respondió Paolo.
Mas sin embargo, Ev parecía no estar prestando atención a eso. La espada comenzó a descender y Paolo cerro los ojos. Dejo caer la espada con fuerza en el piso. Se escucho un “crack” proveniente de las baldosas de azulejo heridas por el hierro. Ev susurro algo que tanto Alfonso como Paolo no pudieron entender.
Dejo de apretar los dedos que apresaban la empuñadura de su espada para luego soltarla. La espada continuaba inmóvil, atrapada en las baldosas, sostenida por la física. La cuartedura del piso comenzó a crecer emanado de los filos blancos. Pero no había mas ese sonido de rompimiento, ni tampoco los fragmentos del azulejo saltando. Pronto la fisura se fue separando poco a poco, dejando ver un cielo estrellado donde no había constelaciones conocidas. Paolo se levanto del suelo y se puso de pie junto a Alfonso. Los dos miraban la grieta.
-Paolo, ¿Vez lo que yo veo...?- pregunto Alfonso con la voz temblando un poco.
-¿Sera acaso que se esta abriendo el cielo bajo nuestros pies hombre?, Para nada... ¡Por supuesto que lo veo¡- Respondió Paolo.
-Eso significa que al menos no es una alucinación de mis sentidos...- dijo en un tono intermedio entre el miedo y la alegría.
Ev los observo, prestando especial atención a las expresiones desencajadas del rostro de Paolo y Alfonso. Pero en Alfonso había algo, mucho muy diferente; en contraste con los ojos de Paolo, sus ojos miraban todo como si fuera un espectáculo de lo mas normal del mundo; No era muy extraño ese comportamiento en Alfonso, siempre con su subconsciente analizando la situación meticulosamente, hasta que esta se tornaba peligrosa para su persona.
-Alfonso Vasile, te demostrare el poder de las Llaves... Te mostrare “Las fronteras”- Fue lo único que dijo Ev.



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