domingo, 15 de mayo de 2011

La llave dorada (parte 10)


-Miren, Miren, es ese maldito perro-
Se escucho gritar, un tono jubilo, desde algún lejano rincón de la plataforma, pronto le hicieron eco otros tantos. Los gritos que hace unos instantes clamaban por dolor, desesperación, terror, ahora, buscaban venganza. Eran de los otros, de aquellos quienes se encontraban tras las llamas. Ahora, estaban libres. Alfonso volteo, a ver a todas esas personas, con sus rostros, sedientos de venganza.
-La operación a sido un exito...- contesto el hombre sin inmutarse, pero la voz, revelaba, una especie de alivio.
-¡Deja de hablar en esa muy maldita lengua!- Dijo Paolo, al tiempo, que de su boca surgía un vomito de sangre negra.
Alfonso comprendió que entendía el lenguaje utilizado por aquellas personas. No sabia la razón. Lo más probable, era relacionarlo con ese extraño sueño, -acaso alucinación, tal vez visión-, con aquella dama, su regreso al mundo.
-..ya te a llegado...- Anidio Paolo, en un tono de voz mas calmado, cansado, algo lo interrumpió.
-¡A buena hora he llegado...!- Dijo una voz poderosa, cual trueno, proveniente de cualquier parte. Continuo con un tono jovial, siniestro. -...un momento, un instante más tarde, y la flama de vuestras vidas, aquella luminaria maldita que alumbra sin luz, en el oscuro firmamento, se extinguiría. Han brillado suficiente, ahora nos retiraremos, a sabiendas de una exitosa misión-
-¿Quien habla...?- pregunto Paolo.
Alfonso tubo la sensación de que el tiempo se había detenido, todos los hombres, se encontraban inmóviles, algo en aquella voz vasto para dejarlos petrificados. Se percato, temblaban, discretamente, pero temblaban. Mascullaban entre ellos, cosas ininteligibles. La mueca de valor, de bravura, se desencaja, rearmando, la universal, mueca del miedo, del espanto y del horror.
Alfonso contemplo, la forma en la cual, Ev tomo su espada, arrebatada por un nuevo y poderoso ímpetu. Elevo la vista al cielo buscando algo entre las oscuras nubes de humo, que se alejaban, manchando el azul celeste.
-¡¡¡Mefistofoles!!!- grito con fuerza Ev.
Alfonso recordó la primera vez que escucho ese nombre pronunciado por Ev. Fue en esa tormentosa noche, en la cual, ella salvo su vida. La locución, dentro de su mente, era subordinada a la demonología propia del mundo, contenidas en una serie de pequeñas anotaciones mentales, las cuales habían quedado -o eso creía- olvidadas sepultadas bajo conocimientos más prácticos.
-Deja de esconderte en las sombras, sal, yo misma me encargare de represarte al infierno, del cual, tu nunca debiste siquiera surgir.- grito Ev, sin dejar de escudriñar con sus ojos inquisidores a todos lados.
Todos los demás, la observaron incrédulos.
El humo termino, al fin, de disiparse. Un hombre vestido de negro caminaba, cargando en su hombro derecho con Adea, y en su mano izquierda arrastraba, tomando por la mano al mayor a los hermanos Halhatatlan, con sus hermanos sobre su cuerpo rojo.
Lo más sorprendente, era el hecho, de que caminaba en absoluta calma, entre las personas, ninguna se atrevía a siquiera cruzar su mirada con ese hombre. Ev corrió contra Mefistofoles, quien, solo se detuvo.
-¡¡¡Te matare!!!- grito Ev.
Mefistofoles, solo extendió su pierna izquierda, arrastro la punta del pie, formando un amplio arco invisible, frente a él, de izquierda a derecha, y regreso su posición original. Ev continuo corriendo.
-¡¡Detente Kiesaaller!!- Se escucho, era la voz de Alloan.
Ahora a Ev solo, la separaban dos metros de Mefistofoles.

-Abran la puerta, en nombre del gran consejo, abran la puerta...- Tocaron a la puerta, con fuerza e insistencia.
El padre de la niña se levanto de la mesa, se dirigió cruzando el umbral de la puerta, recorrió el angosto pasillo que era iluminado por la luz del proveniente del comedor, y abrió la puerta. Un chiflón de aire frió se coló, llegando al fondo del pasillo, de ahí, a toda la casa.
La niña tembló de frío, cruzo sus brazos para no dejar el calor correr con el viento. Se levanto tras su padre, su madre no la detuvo. La niña asomo sus ojos la puerta que conectaba al pasillo con el comedor, y observo a su padre discutir con dos hombres en armadura.
-Ya le he dicho al consejo que me niego ante semejante plan-
-Señor, usted se encuentra bien enterado, de que en los libros de “su ancestro”, no encontramos nada relevante, ninguna otra forma...- dijo el primer hombre
-La llave que existió, que existe, sigue siendo una amenaza para todos nosotros, una amenaza que estamos decididos a erradicar de una vez y para siempre, sin importar el costo...-
-¡El fin justifica los medios!, ¡Por favor del grande!, ¡Como se atreven siquiera a pensar en su ejecución!- exclamo molesto su padre.
-Señor, sabe que a nosotros no queda otra opción, solo ese único indicio, que dejo su ancestro en sus diarios personales...- contesto el caballero
-Y ustedes están bien enterados de que el viejo era un loco, ¿Qué les asegura que es de fiar semejante método?-
-Señor, entienda, no se atreva a desatar la ira del consejo...- anidio sombrío el segundo soldado.
-¡La ira del consejo! ¡Fueron ellos lo responsables del estigma que pesa sobre toda mi familia, ustedes extendieron el crimen de mi ancestro a toda su progenie. Por culpa del consejo, no somos mas que simples parias!. Gracias al grande, que el señor Ferumatu se atrevió, a sabiendas de aquello, no solo a permitirme trabajar para él, sino, también darme la mano de su hija.-
-No se atreva a ir en contra del consejo, o si...- dijo el segundo soldado
-¡Me esta amenazando!- exclamo alzando, la voz, continuo -¡Salgan de mi casa, y no los quiero volver a ver, y digan de mi parte al consejo, que me estoy en mi muy jodido derecho de negarme!-
Empujo a los dos hombres, y cerro la puerta en su cara.
La niña, sintió los brazos de su madre cargándola.
-A dormir...- dijo en tono melódico su madre.
-No me quiero dormir...- dijo la niña.
No tendría esa niña mas entre ocho y diez años, tal vez..
La madre la llevo a la cama. La arropo, y se disponía a salir, cuando a sus espaldas escucho una cuestión.
-Por que me odian mama...-
Se formo un nudo en la garganta, rápidamente escogió las palabras con todo el cuidado que pudo, y contesto con la voz dulce.
-No te odian, es solo que no te conocen...-
-Ellos dicen que es porque alguien de nosotros, hizo algo muy malo.-
-Escucha bien, que tu ancestro haya hecho algo muy malo, no quiere decir que tengas que pagar por ello, tu eres diferente; Ahora duerme-
Dijo eso, se aproximo a su hija, le dio un beso en la frente. Se dirigió a la otra habitación. Encontró a su marido sentado en la silla. Con la cabeza hundida en los hombros, las manos entrelazadas frente a la boca, dejando colgar los pulgares.
-¿Que buscaban?- pregunto ella.
El hombre dejo la rígida pose, dirigió sus ojos vidriosos a la imagen de su esposa. Una sonrisa incomoda, que había desarrollado, se esculpió en su rostro. Espero de su esposa la misma sonrisa, pero no paso nada.
-Quieren que les autorice esa locura, me alegro que, si quieren utilizar cualquiera de los artefactos de mi maldito ancestro, se vean en la necesidad de pasar primero por mi...-
-Tenemos que hablar, otra vez, la señorita Fein, me comento que los niños pasaron todo el día molestando por lo mismo...- espeto ella.
-¿Y que quieres que haga?, No tengo y nunca e tenido el poder para evitar que la gente diga cosas, que piense cosas.-
-Eso es lo que nunca me a gustado eso de ti.- dijo con tono bajo, casi un susurro, se dio a espalda, anidio -Cuando hay problemas, tú, te quedas impotente, contemplándolos.-
El se levanto de la silla. La tomo con dulzura por la espalda, tomando sus manos en las propias.
-Sabias que podía suceder, sabias que mi nombre es odiado, y aun así, me quisiste. Ella debe aprender que no debe prestar atención a lo que dice la gente; que hay momentos en los cuales es mejor... esperar-
Ella se suelta, lo mira con los ojos inquisidores, pero, al mismo tiempo al borde de las lágrimas.
-Sí, pero es tan difícil, verla todos los días.-
-¡Lo veo!, ¡Crees acaso que soy un insensible!, ¡Me duele ver a mi sangre, sujeta por el estigma!, Por el pecado de mi ancestro, mi familia a sufrido tanto, ese nombre...-
-Mama...- se escucho decir.
Los dos voltearon, y vieron a la niña, a su hija, contemplarlos.
-¿Que sucede?- pregunto su padre.
-Un mal sueño, soñé feo...- respondió la niña. -Soñé que tu y mi papa me dejaban...-
Su madre se acerco a ella, sintió el fuerte la abrazo. Ella la llevaba contra si.
-Tranquila, fue solo un mal sueño, niña, estere a tu lado...-
El sonido de las maderas destrozarse por una fuerza descomunal, seguido por el quieto golpe de la puerta de roble en el frío suelo; siguió el rítmico de muchos pasos, todos ellos, entrando con violencia y rapidez.
-Salgan de la casa...- Dijo su padre, y se dirigió a tomar un viejo montante.
Vio a un sujeto con ropas negras. Su madre la tomo con fuerza, y comenzó a correr, a la salida. Pronto cayeron al suelo. La niña se percato de que en las piernas de su madre, eran sujetas por una cuerda.
-¡Los necesitamos vivos!, Tengan especial cuidado con la hija del señor Ferumatu- Grito una voz con fuerza.
-¿Que pasa?, ¿Qué pasa? ¿Que pasa?- pregunto la niña una y otra vez.
Un dolor en su cabeza. La fuerza de sus músculos se fue. Todo a su alrededor, comenzó a tornarse oscuro.
-Si tenemos éxito, seremos héroes...- Escucho la niña, antes de perder por completo el sentido.

-Tal parece que me tengo que ir, terminare rápido con esto- dijo el extraño hombre.
Paolo solo lo observo sin entender a que se refería. Lo vio cargar contra él. Intento moverse a un lado. Pero ya era tarde. El golpe entro. Su piel ardía, siguió el dolor. Se doblo, quedando de rodillas en el suelo. Sintió un liquido cálido fluir al suelo. Miro al Hombre.
-Adiós- fue lo único que anidio.

-Uno, dos y tres conectados- dijo la voz de un hombre.
Intento abrir los ojos, no pudo, los tenia vendados.
-Esperando confirmación del cuatro- dijo otra voz, más aguda que la anterior.
No comprendía que sucedía, no sabia donde estaba, ni mucho menos por que razón tenia sus pies y manos inmovilizadas por una cuerda. Solo se limitaba a oír, a esas voces, y las cosas de las que hablaban, que carecían -en apariencia - de sentido.
-Cuarto encendido, y conectado...- dijo la primera voz que había escuchado.
-Revisión de estado, uno, dos, tres y cuatro, conectados, sistema armado...- respondió la lejana voz de una señorita.
-¿Que sucede?- pregunto ella, más parecieron ignorarla todos.
-¡Confirmado, el sistema esta armado. Repito, el sistema esta armado.!- Un desconocido grito, se podía intuir un poco de nervios.
-Cumpliendo con la siguiente fase del protocolo. Comiencen revisión final- Una voz femenina más próxima a ella.
-Unidad numero uno, todo en orden y listo- Dijo una primera voz
-Unidad numero dos, preparada y funcional- continuo una segunda
-Unidad numero tres, sin anomalías, indicadores óptimos- anidio una tercera
-Unidad numero cuatro, temperatura estable- responde la cuarta voz.
-Cumpliendo con la siguiente y ultima fase del protocolo. Autorización de ignición-
Se formo un gran silencio atenuado por una sinfonía de innumerables sonidos irregulares. La atmósfera se torno pesada por la tensión.
-Esperando autorización de ignición...-
-Señor, de la orden...- dijo la misma voz, la misma de aquellas ultimas palabras antes de quedar inconsciente.
-Esperando autorización de ignición- Continuo con mucha más insistencia
-Tiene que dar la orden...- repitió la voz.
-¡Esperando autorización de ignición!- Era un tono cercano a la desesperación, era urgente.
-¡Recuerda!, Da la maldita orden, o sabrás lo que pasara a tu esposa e hija....- Dijo la misma voz, ordenando.
-¡Esperando autorización de ignición!- Se escucho, ya era un grito desesperado.
-Tiene que dar la orden, no tendremos otra oportunidad...- Pronuncio una voz lejana.
Sintió un golpe en la espalda, grito de dolor.
-Perdón, perdón, perdonen el crimen... Ignición autorizada-
Era la voz de resignación de su padre.
Ella grito algo, pero no podia escuchar ni su propia voz, era callada por el enorme rugido, engranajes violentos chillando, truenos contenidos en un espacio cerrado, golpeteos incesantes, los metales con toscos azotes. Las voces se confunden. Una luz más brillante que el sol, penetra por el velo de sus ojos. Gritos desesperados. Después, el aullido de alguna desdichada alarma indicando que todo a salido mal. Todo vuelve al silencio.
-¡Crecimiento fuera de control...!- el grito desgarrador lo rompe.
Se respira como la esperanza los había abandonado, Dios también. Gritos se escuchan por todos lados, viniendo de todos lugares.
-¡La unidad dos,la unidad dos!. ¡Por el grande, esta aquí, esta AAAAAAH!- se escucho antes del ruido blanco de estática.
-Los indicadores de la unidad tres están fuera de control, lecturas anómalas, pequeño incendio en submódulo, ¿Que demo? ....- silencio y estática.
-¡Perdimos a todos los hombres de la unidad tres y dos!-
Las oraciones se tornan en gritos desesperados, los gritos pasan a ser solo un ruido blanco, estática inquietante, que se impone ante todo lo demás.
-¡Control!, ¡Control!, ¡Unidad uno! ¡Solicitamos ayuda, es un monstruo, es un monstruo...!- Una voz desesperada, que a pesar de su lejanía, se oía tan cercana.
-Responda unidad uno, sea más especifico...- dijo la señorita.
-¡Es un...!- Una carcajada demoniaca se escucho, siguió más estática, después nada.
-Unidad cuatro, responda-
-Aquí unidad cuatro, ¿Que demonios esta pasando?-
-¿Cual es el estado unidad cuatro?-
-Todo parece estar bie...-
-Confirme unidad cuatro, confirme...-
-¡Estúpidos!- Dijo una voz desconocida.
La estática era absoluta.
-¡Salgamos de aquí, no quiero morir!- era la misma voz, la anterior a todo esto.
-Acepte su destino...- respondió su padre.
Una serie de golpes metálicos cubrieron el lugar. Tembló la tierra. Crujidos de la estructura cediendo, al final, un grito ahogado unánime.
La venda de sus ojos se callo, dejando que uno de sus ojos lo viera todo. Era una habitación extraña. Aparatos con botones resplandecientes por su propia luz, engastados en grandes mesas de metal cromado, manchada de sangre. La niña giro su cabeza y observo a su madre, inerte en el suelo, mientras un charco de sangre la cubría.
-Mama...- dijo con tono apagado,m algo le impedía gritar.
-¿Realmente paso por su mente que con eso lograrían destruirme?- Dijo la misma voz extraña que los llamo "idiotas"
-No, no me mates, no me mate....- dijo el hombre desesperado.
Un grito, huesos rompiéndose ante la fuerza abrumadora, miembros enteros rasgándose, y sangre cayendo en cualquier parte.
Ella volteo la vista, un hombre vestido de negro caminaba a su padre. Quien estaba atado a una silla.
-Papa...- dijo ella.
-No vemos otra vez...- dijo el hombre extraño a su padre.
-Los has matado a todos...- contesto su padre.
-La ultima vez que nos vimos, yo era quien estaba atado, y tu, estabas apunto de matarme...-
-Has lo que tengas que hacer Mefistofoles, por favor, no a mi hija...-
-Si te consuela, hoy no, ni mañana, más que destruya a los tuyos, es inevitable-
-Lo sé...- dijo su padre.
Era la primera vez que veía lágrimas surcar su rostro.
-Papa...- dijo la niña, y comenzó a llorar en silencio, contemplando en absoluta impotencia, como su mundo era destruido.

-¡¡¡Te matare!!!- Grito Ev, saltando en el aire, dispuesta a cercenar la cabeza de Mefistofoles.
-Aun eres muy joven niña.- dijo el hombre.
La piedra del suelo, se transmuto en cinco grandes y afilados picos, extendiéndose al cielo, preparados para dañar de gravedad mortal aquello que topase con sus puntas. La carne fue herida. Ajo la expresión de Ev. Un bocado de sangre callo besando las antiguas piedras.
Alfonso, se levanto con notable lentitud, no podía creer aquella escena que ante sus ojos, iniciaba a desenvolver.
Mefistofoles camino, sin dejar de cargar a Adea, ni de arrastrar a los hermanos Halhatatlan.
-La ultima descendiente directa de Aisac Entwon, de quien tantas voces dicen otras tantas cosas sobre su crimen, sobre lo que las gentes de mente cerrada declaran “Es un crimen contra natura” “La aberración”, y otros proclaman, “La obra de un genio demente”, “El testimonio del alcance humano”. Y tú, aquella afamada por un nombre, la marca sobre tu alma, o me equivoco; Ev Entwon Kiesaaller.- El hombre termino con una pequeña risa.
Ella intento estirar su mano izquierda, aun libre, contra Mefistofoles.
-Yo... yo... te matare...te matare... yo, te matare- Contesto Ev moribunda, con un esfuerzo más allende de los limites humanos.
Un nuevo filo surgió del suelo. Espetando la palma de la mano, dejándola suspendida. Una punta más apareció entre sus hermanas, y se clavo muy cerca de done palpita el corazón.
-Muchacha, muchacha. Tengo el poder para matarte, para matarlos a todos en este lugar, mas eres muy afortunada. Ten presente, que tu día se aproxima. Y ese día, te asesinare, sin consideración. Tienes un espíritu grande, igual que tu padre. Hoy solo tu escoges si quieres vivir o morir...-
Mefistofoles observo a los hombres, y grito complacido con voz poderosa:
-Ludarie Abe, ven, tenemos que irnos, lo hecho, hecho esta.-
Alfonso vio pasar a su lado al extraño hombre.
Se juntaron en el centro, dieron una ultima mirada al rededor, y con ella, anidio.
-¡Sientanse afortunados humanos, quienes al tiempo que viven, se aproximan a la tumba.!, ¡Beban y coman, pues han visto a Mefistofoles, y pueden contarlo!-
Bajo los pies de Mefistofoles, se abrió un negro circulo, que extendió su área. El circulo se despego del suelo, encerrandolos en una esfera oscura, hasta cubrirlos por completo. Y el radio de la esfera en un instante fue nulo. Paso tan rápido, que a nadie le dio tiempo de entender. Las ultimas palabras retumbaron en todas las mentes. Los hombres se miraron los unos a los otros, buscando una respuesta, recriminando su incapacidad.
Alfonso miro el cuerpo de Ev, no podía definir si se encontraba viva, o muerta. Mas la evidencia, con crueldad, era un silogismo malvado. Recordó a Paolo. Volteo a lugar al cual, sabia que se encontraba. Solo vio su cuerpo, sobre un gran charco de sangre. Nadie se movía.
-¡Esto no es real, esto no puede estar pasando...!- Susurro Alfonso, ante su impotencia.


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